Con el paso de los años, en las rutas de Mendoza han proliferado unos signos que, si bien al principio cuesta interpretar, con su reiteración en diversos puntos ya son prácticamente parte del paisaje.

Se trata de las estrellas amarillas que llevan el nombre de una persona y una fecha. Ese signo marca que en ese lugar ocurrió una tragedia vial. Alguien murió allí atropellado. La discusión por las muertes de peatones, sobre todo en accidentes viales, ha girado en torno a la necesidad de modificar la Ley de Tránsito para prohibir directamente que un conductor tome el volante si ha bebido alcohol. De hecho, el Congreso sancionó de manera definitiva la ley, haciendo que Argentina endurezca la norma. Más allá de los argumentos a favor o en contra, hay una realidad que no detendrá una legislación: los accidentes fatales seguirán ocurriendo.

Aparte del componente emocional de la norma aprobada, lo cierto es que, si no hay controles adecuados en las autopistas, si falta educación vial apropiada y, por supuesto, campañas de prevención, las estrellas seguirán apareciendo en el asfalto, marcando en todo momento que lo que el Estado hace no es eficaz o es insuficiente.