Este domingo los argentinos vamos a un momento histórico, porque dos candidatos a la Presidencia se enfrentan en un balotaje. El acontecimiento político, tras un proceso electoral que se extendió durante un año, se produce en el instante de mayor incertidumbre respecto de la economía del país, asediados por la inflación y sin vislumbrar siquiera qué pasará el lunes inmediato al comicio.
Quizás no sea el mejor momento para llegar a uno de los aniversarios más recientes en nuestra historia, que es la celebración por el regreso a la democracia, pero a la vez sigue siendo la oportunidad para ratificar con el voto, gane quien gane, qué país queremos. El sistema republicano, aun con todas sus falencias y sus deudas, es infinitamente mejor que cualquier otro.
Porque, principalmente, nos permite elegir. Ya sea con esperanza, con duda, con miedo, con bronca, pero elegimos. El domingo no será un día cualquiera, sino aquel que decidiremos qué modelo de país estamos buscando, sobre todo, tras las crisis de los últimos años. Nada indica que lo próximo sea menos difícil. También es oportuno volver a remarcar que, más allá del vencedor, hay que volver a encarrilar todos los esfuerzos para que regrese el diálogo político. Sólo la voluntad democrática tiene que ganarle al clima enrarecido que se ha impuesto por estos días.
