En tiempos electorales, la maquinaria del Estado se acelera, todo lo que se demoraba o no se hizo en los últimos cuatro años de gestión comienza a tomar otro ritmo y lo que estaba trabado se aprueba. No es magia, por supuesto. Hay un dicho en los pasillos del Ministerio de Seguridad que, prácticamente, corre como un mantra. En estos años hay más nombramientos de policías. Y, en efecto, así ocurre. Este año se supera la cantidad de designaciones que hubo en el 2022. No es un capricho contable, un tironeo entre distintos ministerios, sino una decisión política de mostrar más músculo como parte del espectáculo de campaña. El problema es que la inseguridad no distingue cuándo votan los mendocinos y cuándo no. Y que los reclamos de más patrullas o más personal en algunos lugares tampoco son permanentes, más aún en tiempos de crisis.

Montar estas incorporaciones para la campaña puede ayudar a algún candidato, pero, finalmente, se cae en el hecho de menospreciar la angustia de los vecinos para sentirse un poco más seguros cada vez que tienen que meter el auto en la cochera.