La historia del remero mendocino Horacio Sicilia tiene ribetes quijotescos. Parece eterna su lucha contra los molinos de viento personificados por dirigentes de la Asociación Argentina de Remo (AAR) y del Club Mendoza de Regatas. Sicilia lucha, pide, se entrena, compite, gana. Rema y rema, en el agua y en la vida. Y no se queda callado, pelea por lo que quiere.
PRIMER PROBLEMA. Para comprender la historia hay que decir que Sicilia fue medalla de oro el año pasado en los Panamericanos de Río de Janeiro, en cuatro remos largo sin timonel, junto a Maximiliano Martínez, Joaquín Iwan y Diego López. Tienen la chance de llegar a los Juegos Olímpicos de Beijing tras un preolímpico que se disputará en Poznan, Polonia, en junio. Sin embargo, viejos conflictos entre Sicilia y la dirigencia del Club Mendoza de Regatas (de mucho peso en la AAR) siguen vivos y los palos en la rueda aparecen a casa instante para los cuatro remeros.
El año pasado, después del histórico logro en Río, Sicilia aprovechó el envión que brinda semejante triunfo para hablar con el secretario de Deportes de la Nación, Claudio Morresi, y pedirle fondos con el objetivo de crear en el dique Potrerillos un centro de alto rendimiento para deportes como el remo, el windsurf, el canotaje y el triatlón. Morresi, entusiasmado, se comunicó en diciembre con la secretaria de Deportes de Mendoza, Beatriz Barbera, para informarle que vendría a Mendoza y que con seguridad habría fondos para el emprendimiento.
Pasó el tiempo,Morresi no vino, los fondos no llegaron y la iniciativa quedó estancada en aguas turbias. Resulta que a Morresi le dijeron que Potrerillos no es apto para navegar. ¿Quién le informó eso? Sergio Fernández, entrenador de la selección argentina de remo, quien proyecta y necesita fondos para otra pista. ¿Y qué decía el mismo Fernández hace un año respecto de Potrerillos? “Es el lugar ideal para la instalación de una pista de remo con las dimensiones reglamentarias para el entrenamiento de alto rendimiento”, aseguraba Fernández a un matutino mendocino.
¿Qué es lo que pasa entonces? Pasa que a la dirigencia del remo local y nacional les molesta que Sicilia se mueva, consiga sponsors por su cuenta, proyecte un centro deportivo y los deje como inoperantes. Y, sobre todo, les molesta que hable y diga lo que piensa. Entonces, por oscuros manejos, quedó trabado –por ahora– el tema Potrerillos, a pesar de que Barbera sigue peleando y haciendo todo lo posible por los atletas.
SEGUNDO PROBLEMA. La historia no termina allí. Después del Mundial de Alemania del año pasado, el cuerpo técnico nacional desapareció. Y a Sicilia, Martínez, Iwan y López no les quedó otra que entrenarse en Mendoza, por su cuenta, desde diciembre. En enero fueron citados para “comenzar” los entrenamientos en el Tigre, un espejo de agua en el que los remeros tienen que convivir con heladeras, fuentones, animales muertos y otras delicias que flotan. Como ejemplo claro, los singlistas Santiago Fernández y Gabriela Best, clasificados para Beijing, entrenan por su cuenta y no quieren saber nada con la AAR y con las aguas del Tigre.
Sicilia, ya en Buenos Aires, se enteró de que lo querían bajar del cuatro por su transplante hepático (donó hace seis años el hígado a su padre). De repente, se acordaron del transplante del mendocino. No se les ocurrió pensar en controles preventivos antes de los Odesur, los Panamericanos o el Mundial. Encima, como para complicar más la etapa previa al preolímpico de Polonia, desde la AAR decidieron que los días 28, 29, y 30 se realice un evaluativo en el cual competirán el cuatro que fue oro en Río, un bote de San Fernando y otro de Zárate.
En fin, Sicilia viaja hoy a Buenos Aires para empezar los entrenamientos en su club (Teutonia) junto a sus tres compañeros, con la idea de superar el evaluativo y, al fin, poder estar en Polonia para “dar el ciento diez por ciento”, como confió ayer. Si este conflicto parece poco, se puede agregar que Sicilia, por ejemplo, no pudo entrenar en Potrerillos porque Martínez e Iwan, remeros de Regatas, no fueron autorizados por sus dirigentes.
Sin dejar de mencionar, claro, las presiones que han sufrido los jóvenes por parte del entrenador nacional, Sergio Fernández, para que lo obedezcan, con amenazas como “quitar becas” o “no estar en el cuatro”. “En Brasil sabía que si llegaba el bote, ganábamos. Me focalicé en eso y fue así”, cuenta Sicilia. Pasó que en Río, el bote les llegó un día antes, lo probaron en las horas previas de la competencia y luego ganaron el oro. “En Brasil pude focalizarme en competir, nada más, pero ahora es muy difícil. Hay muchas amenazas, hay muchos intereses en el medio.
Si sólo tuviésemos que preocuparnos por entrenar…”, señaló el mendocino de 33 años. “¿Saben lo que pasa? Esto es un problema de mendocinos entre mendocinos. Parece que genera malestar que se consigan buenos resultados a partir de gestiones de Sicilia”, piensa el voz alta el mismo Horacio. No es un chiste, pero Sicilia tiene que remar hasta cuando está fuera del agua. No piensa aflojar. Y sabe que la lucha que se pierde es la que se abandona.
