El barrio ubicado sobre calle Boulogne Sur Mer.

Los barrios privados del Gran Mendoza continúan siendo un objetivo rentable para bandas delictivas que parecen conocer al detalle los movimientos de sus víctimas.

Tras los recientes hechos registrados la semana pasada en el Rincón de Araoz, en Luján de Cuyo, y el Dalvian de Capital, donde el empresario Agustín Vila denunció el robo de una colección de bebidas valuada en casi 20 millones de pesos y una pareja terminó detenida, ahora fue el turno de Las Pircas, un complejo ubicado sobre calle Boulogne Sur Mer, en Godoy Cruz. Allí, delincuentes “con el dato” concretaron un audaz golpe cercano a los 100 millones de pesos y dejaron en su espalda una investigación judicial y policial cargada de sospechas.

La banda actuó durante la tarde del sábado y tuvo una tranquilidad llamativa para moverse dentro del predio cerrado, que se encuentra “repleto de cámaras de seguridad”. El blanco fueron dos casas ubicadas en distintos sectores del barrio.

De acuerdo con fuentes policiales que trabajaron en los primeros pasos de la pesquisa, cerca del 90 por ciento del botín fue sustraído de una de las viviendas, cuando sus moradores habían dejado el domicilio momentos antes.

Los delincuentes aprovecharon que la familia había salido en un auto y que puertas y ventanas no contaban con medidas de seguridad bloqueadas, una situación que suele repetirse en muchos complejos privados donde la sensación de protección termina jugando en contra de los propietarios.

La reconstrucción del caso: “Dateros”

La reconstrucción realizada a partir de lo que registraron los dispositivos evidenció una secuencia que comenzó a ser analizada cuadro por cuadro por los policías de la División Robos y Hurtos de Investigaciones.

Pasadas las 18.10 del sábado, salió del barrio una de las familias. Apenas dos minutos después, ingresó una Ford Ranger blanca. La patente fue identificada por los detectives. Cómo lo hizo fue el primer acertijo a resolver, ya que nadie se lo impidió.

La camioneta avanzó por el bulevar principal y se dirigió directamente hacia la zona de uno de los lotes, donde se encuentra una de las viviendas atacadas. Para los detectives, ese dato fue demasiado preciso como para pasar inadvertido, ya que sospechan que tenían la precisión de que sus moradores habían abandonado el hogar.

Las imágenes revelaron que los ocupantes de la camioneta permanecieron casi tres horas dentro del barrio. Primero se estacionaron cerca de una de las propiedades. Luego recorrieron cinco manzanas y ejecutaron una serie de maniobras, detenciones para estacionarse y cambios de dirección. Siempre como esperando el momento justo para dar el golpe.

Pasaron por sectores cercanos a los dos domicilios robados y permanecieron largos períodos estacionados en distintos puntos del complejo. “Llamativamente, sin que el personal de seguridad notara estos movimientos”, contó un policía con años de experiencia trabajando estos casos”.

Debido a esto, interpretaron esos movimientos como una posible tarea de vigilancia y control para asegurarse de que las víctimas no regresaran de manera imprevista. Esto se denomina “trabajo de inteligencia”. A pesar de todo este análisis del sector, las tareas delictivas no fueron del todo eficaces, por cómo terminó todo.

Una de las informaciones que trascendieron y que más llamaron la atención en la causa es que una reconocida fiscal del Gran Mendoza reside a escasa distancia de una de las escenas del robo. El detalle alimentó la preocupación entre vecinos y autoridades, ya que la banda se movió durante horas dentro del complejo sin ser detectada y terminó escapando con un botín millonario, tal como revelaron a El Sol.

El golpe comenzó a derrumbarse a las 21. A esa hora regresó el dueño de casa de donde sacaron casi 90 millones de pesos: se encontró cara a cara con los intrusos dentro de su propiedad.

Los delincuentes abandonaron la escena a toda velocidad, corrieron hasta la camioneta y escaparon por uno de los accesos del barrio antes de que pudieran ser alcanzados. “Nadie los persiguió”, agregaron las fuentes. Para entonces ya habían concretado los hechos en las dos casas seleccionadas, considerado uno de los más audaces de los últimos tiempos en la provincia en un barrio cerrado.

La investigación quedó en manos del fiscal de Robos y Hurtos Juan Manuel Bancalari.

Las sospechas apuntaron a la existencia de información previa sobre los movimientos de las víctimas. Por esa razón fueron secuestrados teléfonos celulares de empleados vinculados a la seguridad privada del complejo que se encontraban al momento del hecho. No solo eso, también analizaban si las víctimas tenían empleados y otro tipo de detalles internos, como sucede en este tipo de casos.