En cada país de Latinoamérica están diariamente enfrascados en luchas domésticas de supervivencia, en luchas de poder político, en luchas por el rojo de la economía, en la lucha y la depredación de la democracia por la corrupción, la invasión del narcotráfico que se infiltra en puntos álgidos de seguridad nacional, fronteras totalmente superadas por la delincuencia, escasa capacidad de las fuerzas de represión, mientras capitales bajo el signo de la inversiones se apoderan de los países uno por uno.
Destruyen montañas, arrasan montes y selvas, devastan glaciares, contaminan el agua dulce, contaminan el medioambiente; se llevan el oro, la plata, el litio, el uranio, los hidrocarburos, y dejan un desierto de ruinas. Mientras tanto, nadie, ninguno percibe lo que en realidad se viene perfilando, cosa que ya denuncié hace tiempo, pero, como no todos tienen capacidad visionaria en política internacional, no pueden captar lo que uno expresa.
La verdad es que mientras América latina no despierte de su tremenda ingenuidad, será fácil presa de los halcones que ya sobrevuelan sobre territorio sudamericano. Recomiendo usar los cerebros mejor preparados y más despiertos para que unan y desarrollen las fuerzas de defensa del continente sudamericano con la mayor prioridad, pues las circunstancias ya lo exigen.
