Desde hace un tiempo que empezó el furor de paquetes con comida semi preparada. Los primero que llenaron las góndolas fueron los paquetes para hacer pizza, en una época donde la gente no estaba tan apasionada por la gastronomía fue una pegada, sin lugar a dudas. Me lo acuerdo patente, todo el mundo preparaba la masa, la más famosa, sin dudas, la de nuestra marca de harina leudante de toda la vida. Yo, como todos, me puse manos a la masa, era fácil y nos sentíamos italianísimos. Después vinieron los gnoquis, el clásico del 29, y de la política argentina. De nuevo, paquete de súper, agua, amasar y los ñoquis listos. También nos subimos a esa ola. Pasó de ser un preparación compleja y que demoraba a una comida casi instantánea. Ya no hacía falta ir a la verdulería, hacer el puré, ni debías saber cocinar, y así cada mes, podías poner el billete de $2 bajo el plato. ¡Un papazo!
Hasta ahí, confieso me pareció útil. Yo, analista de changuitos, siempre veía como la gente llevaba de estos paquetes. Y los señores de la industria se dieron cuenta de que era algo que los consumidores buscaba. Y vino el chipá, bastante digno y las milas de soja, y los crepes, y ahí ya me hizo ruido…
Entiendo este tipo de productos, si realmente te facilitan la vida, pero si es como en este caso: casi, casi lo mismo… me hace ruido.
Vamos a ver, para hacer un crepe no tenés que ser Arguiñaño, cualquier persona con internet, leche, huevos y harina puede hacerlo. Y las proporciones más o menos serían así: 2 huevos, 2 tazas de leche y 2 tazas de harina. Esa sería la forma de toda la vida.
Bien, aparece una producto en la góndola que es una premezcla, para prepararlo hace falta agregarle: 2 huevos y 2 tazas de leche y el contenido del paquete. Además si queremos que sean de manzana, según la promesa de la etiqueta, le podemos agregar: ¡manzanas claro! No es que yo sea una genia, pero esto es raro. Ahora pienso: qué será eso tan maravilloso que trae esta “premezcla”: a ver… sí, harina, algunas cosas que tampoco necesitamos, pero básicamente harina. O sea, 300 gramos de harina, al precio de 1000 gr de harina leudante.
Ok, basta de suposiciones y vamos a prepararlos, como indica el paquete y los cocino.
Y en la degustación:

Premezcla para hacer crepes de manzana:
Aroma: a panificado, correcto.
Sabor: suave y equilibrado, dulzón, algo artificial.
Textura: maleable, suave.
Precio: $14.
¿Lo llevamos a casa? No le encuentro mucha lógica, por el mismo precio compramos 1 kg de harina leudante y hacemos crepes 3 veces. Invento del márketing. Aprendamos a leer las etiquetas.
