Un niño descubrió en las costas del lago Mari Menuco, en Neuquén, un conjunto de huellas de aves fosilizadas que permanecieron ocultas durante millones de años y que ahora son consideradas un hallazgo paleontológico extraordinario. El descubrimiento ocurrió gracias a la bajada del nivel de las aguas del embalse, que dejó expuesto un sector hasta entonces cubierto.
El protagonista fue Santiago Aduriz, quien mientras recorría la zona observó las marcas en el terreno y dio aviso de lo que había encontrado. Su hallazgo puso en marcha los protocolos científicos para estudiar y preservar las huellas.
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La particularidad del descubrimiento radica en que se trató de icnitas de aves, es decir, huellas fosilizadas que permiten conocer no solamente qué especies habitaron una determinada región, sino también aportar información sobre cómo era el ambiente en el que vivieron.
Desde la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) destacaron que encontrar este tipo de registros es poco habitual. A diferencia de los restos óseos, las huellas requieren que se produzca una combinación muy específica de condiciones para conservarse durante millones de años.
En este caso, una pisada sobre sedimento blando logró endurecerse y resistir el paso del tiempo hasta transformarse en un registro directo de la presencia de aves primitivas en la Patagonia.

Un paisaje prehistórico quedó expuesto
El descubrimiento adquirió todavía mayor relevancia porque en el mismo sector también fueron identificadas huellas de dinosaurios saurópodos, correspondientes al mismo estrato geológico.
Estos animales eran grandes herbívoros de cuello largo que habitaron la Patagonia durante el Cretácico. La presencia conjunta de sus huellas con las de aves primitivas permite reconstruir parte del paisaje que existía en la región hace millones de años.
Para los investigadores, el yacimiento funciona como una verdadera “cápsula del tiempo”, ya que reúne en un mismo lugar las pequeñas y delicadas pisadas de aves con las enormes marcas dejadas por los saurópodos.
El registro ofrece así una oportunidad excepcional para estudiar cómo era la vida en ese sector de la Patagonia y qué animales compartían aquel antiguo ambiente.
El hallazgo activó un operativo científico
Tras el descubrimiento realizado por Santiago, especialistas comenzaron las tareas de campo para analizar las huellas y garantizar su preservación.
Las muestras de las huellas fueron finalmente depositadas y puestas bajo resguardo en el Museo del Desierto Patagónico de Añelo (MDPA), una institución dependiente de la Municipalidad de Añelo que trabaja junto con la UNCo.
