Ser de “izquierdas” o de “derechas” son opciones, arcaicas, aunque legítimas de cada cual. Pero en la actual situación de España, con mucho populismo social e irresponsabilidad moral, el indagar: “¿Este, ese, aquel, es conservador o progresista, es de izquierdas o derechas?”, no debería ser el principal deporte de quienes tendrían que arrimar el hombro para aportar soluciones. Porque etiquetar a los hombres y descalificar con saña a quien “no es de los nuestros” es, como mínimo, un gasto inútil de energías. En este punto azul, perdido entre las galaxias, hay un país en el que viajamos, girando alrededor del Sol, unos 46 millones de personas. Sería una muestra de inteligencia colectiva reconocer que “todos somos de los nuestros”. Con ello obtendríamos la unidad necesaria para acabar con los síntomas de la crisis y, lo que es más importante, con sus causas. Porque, ¿acaso muchos problemas no los creamos nosotros mismos con nuestras discordias?