Si ustedes van a restaurantes de cierto nivel, se habrán dado cuenta que servir la comida en vajilla tradicional ya no es chic. Todo empezó hace años, con las lajas, al principio el sushi quedaba muy bien sobre ellas, pero la moda se nos fue de las manos y en tu mesa podía aparecer esta piedra con un mondongo de fabada en una esquina.

Las tablas de madera, las latas y los tarros cuquis de cristal las han sucedido en la era hipster, a la vez que la alta cocina promueve delirios como la “porcelana multisensorial” de Arzak.

La platofobia está alcanzando su paroxismo en todo el planeta, por lo que comienzan a surgir movimientos de lucha que reivindican los llanos y hondos de toda la vida.

Uno de los más exitosos lo encabeza We Want Plates, cuenta de Twitter que recopila excesos loquísimos en este campo. Allí podemos deleitarnos con pan servido en zapatillas de estar en casa, salchichas con puré en copas, pollos asados en cestas de mimbre o lasañas en frascos.

Algunas imágenes encapsulan toda la histeria reciente de la restauración a la vez que evocan la muerte por obstrucción arterial, como el combinado de huevo frito, lomo y chips sobre pala de cavar.

Confirmation of the Bread Slippers of Switzerland. You’re welcome. #wewantplates pic.twitter.com/cH5CEHSDOc

— We Want Plates (@WeWantPlates) marzo 10, 2015

Postre servido sobre laja en restaurante de Entre Cielos

Presentar la comida en una mini cocotte o una mini sartén puede quedar rústico a la par que apetitoso. Lo que no se comprende es la fiebre de inventar artefactos cada vez más incómodos para el comensal porque has decidido que eres muy original y que vas a dejar boquiabiertos a los que caigan por tu local.

Oh for the love of God, Rob. “@RobFreeman: .@WeWantPlates A fry-up on a shovel. pic.twitter.com/u2lbyFziKG”

— We Want Plates (@WeWantPlates) marzo 11, 2015

Postre servido en frasco en Club Tapiz

También hay cosas peores que la bandeja con papel parafinado o la cestita metálica para las patatas fritas que asolan nuestros restaurantes. Horrores que llevan desde los ochenta entre nosotros, como el plato cuadrado o el sopero con medio metro de borde que si le das la vuelta se convierte en ovni o en sombrero del Quijote. Si estos monstruos primigenios desaparecen con las nuevas tendencias, la extinción porcelánica habrá valido la pena.