El 6 de febrero de 2013 se celebra la X edición del Día Internacional de Tolerancia Cero ante las Mutilaciones Sexuales Femeninas. Todavía en gran parte de los países europeos y africanos se celebran reuniones y manifestaciones para denunciar una práctica ancestral, de la que han sido víctimas entre 130 y 140 millones de las mujeres que actualmente pueblan el planeta, según cifras facilitadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recoge la publicación digital “Femmes en résistance”.

En los países europeos francófonos funcionan unas asociaciones no lucrativas conocidas por su sigla GAMS (grupo para la Abolición de las Mutilaciones Sexuales, los matrimonios forzados o precoces y otras prácticas tradicionales nefastas para la salud de las mujeres y las niñas), laicas y apolíticas, inicialmente creadas en 1901 en Francia por un grupo de mujeres africanas y francesas. En la actualidad existe una Federación GAMS, administrada por hombres y mujeres de distintas procedencias, con sede social en París y delegaciones regionales.

La Federación GAMS tiene por objetivo la lucha contra toda forma de violencia contra las mujeres, adolescentes y niñas, y la promoción de la salud maternal e infantil; contribuye a la erradicación de las prácticas ancestrales, los tabúes nutricionales, los embarazos entre miembros de una misma familia, el repudio, etc.

Según la definición de la OMS, mutilaciones sexuales femeninas son “las ablaciones totales o parciales de los órganos genitales externos femeninos, o cualquier otra mutilación de dichos órganos practicada por razones culturales u otras, con fines no terapéuticos”. La escisión, que representa el 80% de esas mutilaciones, designa la amputación del clítoris. La OMS estima que anualmente son cerca de tres millones las mujeres y niñas que podrían sufrir escisiones.

Practicados fundamentalmente en Africa subsahariana y en la península arábiga, también existen focos de población que practican esos rituales en Oriente Próximo, Asia (India, Indonesia, Malasia y Sri Lanka), América Latina y en comunidades de inmigrantes en Australia (fuente: Naciones Unidas, 2002). En el caso de Africa son las mujeres ancianas, o las matronas tradicionales quienes lo practican, aunque también hay casos de intervenciones efectuadas por médicos, pese a que la OMS lo prohíbe expresamente. Lo normal es que la operación se efectúe sin anestesia con tijeras, cuchillas de afeitar o cuchillos. La intervención es siempre traumática y no son pocas las pacientes que pierden la vida.

También existen casos de mutilaciones genitales femeninas en occidente; normalmente se trata de mujeres o niñas pertenecientes a familias de origen africano, que perpetúan las costumbres locales en nombre de la tradición o la religión fuera de su patria. Hay constancia de casos en Dinamarca, Francia, Italia, Holanda, Suecia, Suiza y Reino Unido (Naciones Unidas, 2002).

Se trata de prácticas que además de tener graves consecuencias físicas (dolores, hemorragias, infecciones, problemas de sexualidad, riesgo de transmisión del VIH), también provocan alteraciones psicológicas, como la pérdida de confianza, ansiedad, angustia, pesadillas y depresiones.

Costa de Marfil es uno de los países africanos más afectados por la práctica de la escisión; se estima que la han sufrido el 36% de sus ciudadanas. “La ablación es una violación fundamental de los derechos humanos”, según Unicef. “Sin que exista ninguna necesidad de tipo médico, expone a mujeres y niñas a riesgos para su salud que ponen su vida y su bienestar en peligro”, dice Sylvie Dossou, representante de Unicef en Costa de Marfil.

Para Amnistía Internacional (AI), “es responsabilidad de los gobiernos garantizar la integridad mental y física de mujeres y niñas. Oponerse a las mutilaciones genitales femeninas debería ser parte integrante de un enfoque de protección de las mujeres contra la violencia, y de afirmación de su estatus de igualdad en la sociedad”. En casi todas las culturas del mundo se encuentran formas de violencia contra las mujeres, casi invisibles a fuerza de ser consideradas “normales o habituales”. El control de la sexualidad femenina juega un papel esencial en su subordinación. “La mutilación sexual femenina es una manifestación extrema de la violencia utilizada para restringir la expresión sexual femenina”.

Todos los años, AI publica el testimonio de Waris Dirie, la exmodelo de alta costura de origen somalí, escritora ( Flor del desierto: del desierto de Somalia al universo de las top-models , Maeva 2009 , L’Aube du désert, Desert Children, A letter to my mother) y actriz (The Living Daylights, 1987), residente en Austria y siempre comprometida en la lucha contra la mutilación sexual femenina, que ella misma sufrió.

“Cuando llegué a Inglaterra para trabajar como sirvienta fui conociendo poco a poco que no todas las mujeres estaban escindidas. El secreto que yo guardaba se hizo demasiado pesado y sentí necesidad de revelarlo. Más tarde, cuando ya era modelo y tuve acceso a los medios de comunicación me dije que podía testimoniar en nombre de otras muchas mujeres, y ayudar a las niñas (…). Fue entonces cuando decidí revelar al mundo mi herida más íntima. Una chica no escindida se considera sucia y malsana; no podrá casarse. Y la comunidad rechaza a la mujer no casada, ni siquiera puede permanecer en casa de sus padres. Por eso las madres sienten vergüenza si sus hijas no encuentran marido. En cuanto a las niñas, son demasiado jóvenes, no tienen posibilidad de hacerse preguntas y mucho menos de resistirse”, relató.

Fuente: http://www.periodistas-es.org