Hace rato que Mercedes y Francisco pasaron los 40, pero parecen dos adolescentes que están de novios por primera vez. Los dos están separados: ella, desde hace cinco años; él, desde hace tres. Después de un par de años de estar juntos, por fin decidieron comprar una casa donde van a vivir con los hijos de ella, de 15 y 17 años, y adonde irán los fines de semana los de él, de 10 y 8. Ellos están felices y viven este momento como una nueva oportunidad para apostar al amor y a la familia.
Los que no están muy bien son los chicos. Los hijos de Mercedes se rebelaron y hasta amagaron con quedarse a vivir con el padre porque no quieren mudarse del barrio, donde tienen a sus amigos de toda la vida, y porque no tienen ganas de que un señor venga a cambiarles su rutina. Por el lado de Francisco las cosas no están mejor. Su ex mujer ya le avisó que no está del todo convencida de dejar ir a sus hijos a la casa de una mujer que ni conoce, con chicos adolescentes que seguramente deben de ser unos salvajes. Además, el menor de los hijos de Francisco llora a la noche porque tiene la idea de que ahora que su papá va a vivir con otros chicos, se va a olvidar de él.
Ahí están Mercedes y Francisco: convencidos de haber tomado la decisión de vivir en pareja y formar una nueva familia, pero, al mismo tiempo, llenos de dudas y temores porque no saben cómo van a hacer para contener a los chicos, para conformar a sus ex parejas y para que el nuevo matrimonio no naufrague en medio de tantos cambios… ¡Y de una mudanza!
Éstas son algunas de las situaciones por las que pasa una familia que decide ensamblarse. Hay momentos complicados; pero con planificación, tiempo y generosidad, es posible lograr una convivencia armoniosa. Es más, dicen que las familias ensambladas son el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Y algo de cierto debe de haber en esa frase porque, si bien no hay estadísticas, los especialistas estiman que el 80% de las parejas que se separan vuelve a intentar convivir con una nueva pareja; y hasta se calcula que el número de familias ensambladas es casi igual al de familias nucleares.
¿Hicimos bien en decidirnos a vivir juntos o es demasiado pronto? ¿Qué hacemos con los chicos? ¿Cómo negociamos con nuestras ex parejas? ¿Vamos a tener tiempo para nosotros? ¿Cuánto falta para que alguno de los chicos diga ‘vos no sos mi mamá para mandarme? Mercedes y Francisco se preguntan y les preguntan a amigos y familiares si están haciendo las cosas bien.
“Me encantaría que estuviera instalada la cultura de la prevención porque en psicología, al igual que en medicina, cuanto más agravado está un cuadro, más difícil es revertirlo. Lamentablemente, la realidad es que las parejas vienen cuando cometieron tres millones de errores y quieren saber cómo deshacerlos. La prevención es más sencilla, más barata, más eficaz, y ayuda a que todo se resuelva con menos dolor. Hay que saber que construir una familia ensamblada lleva entre cinco y nueve años”, explica la psicóloga gestáltica María Silvia Dameno, que hace veinticinco años comenzó a investigar este tipo de familias desde que ella misma formó una. En ese momento, se dio cuenta de que no había material sobre este tema en la Argentina y que estas nuevas familias tenían nombres muy peyorativos: segundas, recompuestas, no nucleares. Entonces, decidió llamarlas “familias ensambladas”.
“La idea surgió de la música. En un ensamble, cada uno de los instrumentos tiene un sonido particular, pueden entrar en diferentes momentos y no necesariamente todos tocan la misma melodía, pero la idea es que suenen de manera armoniosa. Un ensamble familiar se trata de eso, de cómo hacer que cada uno, sin perder su propio timbre, su propia melodía, su propio ritmo, logre acomodarse a los demás de manera que suenen armoniosamente”, cuenta María Silvia en su consultorio, un espacio cálido y de luces tenues donde recibió a Sophia. Hasta aquí llegan madres, padres, mujeres y varones solteros, hijos y hermanos que buscan entenderse, conocerse y llevarse bien ante un nuevo escenario: el que se conforma cuando un hombre y una mujer deciden fundar lo que conocemos como “los tuyos, los míos y los nuestros”.
