La creatividad es digna de admirarse, pues, generalmente, es producto del intelecto. No obstante puede ser constructiva o destructiva. Existen también las imitaciones, que pueden ser burdas o aceptables. Recuerdo que hace bastantes años presencié una película titulada 1984. La temática giraba sobre una especie de fantasía, tipo sueño americano, en la que exhibían un país en el que habían instalado circuitos de televisión en absolutamente todas las viviendas y en todos los lugares de las mismas.

   Todo el sistema era manejado por un individuo anónimo llamado, precisamente, Gran Hermano. Se trataba de un control férreo y dictatorial de los ciudadanos, quienes eran vigilados, ordenados, penados o premiados según respetaban las leyes impuestas por el demencial sistema y por una voz mandante.

    La hegemonía impuesta era de tal magnitud que podía ser el sueño del más loco emperador, rey, dictador o, con todo respeto, algún presidente actual. Pues bien, después de la anécdota que les relaté, hoy, en pleno siglo XXI, observo con pavor e indignación una serie televisiva que hace referencia al personaje de la susodicha película.

   Fue proyectada hace un año y en esa oportunidad escribí sobre lo grotesco y enfermante que resultaba el espectáculo. Por su falta absoluta de respeto a los actores y a la audiencia. En estos momentos difíciles de la civilización, no puedo evitar llamar la atención sobre la serie que está difundiéndose. Opino que está aumentada en el mal gusto, la aparente realidad valiente y sin tapujos, que no es otra cosa que pretender mostrar conductas y situaciones traídas de los pelos y, sin dudas, no dignas de promocionar.

    Termino ofreciendo una especie de ejemplo del límite de lo aceptable a difundir como creatividad. Se puede mostrar un individuo en actitud enferma, vomitando por la necesidad del libreto. Pero es algo distinto filmar el vómito, con color y morbosidad de psicópata. En términos médicos significa:“una persona mentalmente desequilibrada, sin disminución de sus funciones intelectuales, pero sí mayor perversidad en su conducta”.