Hace unos pocos días una mujer entró y preguntó en la recepción de un museo que tiene plaza adelante si, de casualidad, alguien había encontrado una muñeca. Había estado en la placita con su hija y cabía la posibilidad de que hubiera quedado allí: “Es su muñeca preferida y siempre la pierde”, explicó la mamá. ¿Cómo podría ocurrir eso? Si era su favorita ¿por qué la descuidaría tanto al punto de perderla de vista tan a menudo? Pensé que quizá, el placer de volverla a encontrar hacía que, sin proponérselo, la dejara por aquí o por allá. Tener la muñeca siempre a mano, perderla siempre, me quedé pensando en esa palabrita, apenas siete letras y con una connotación y una carga tan importante.
En la película Shrek 2, el hada madrina, tiene un cartel publicitario gigante que promociona su servicio y ofrece finales felices para todos, “tus propios felices por siempre”, la última frase de los cuentos maravillosos que nos deja tranquilos porque, después de la historia narrada, todo lo que ocurra marchará sobre rieles. Generalmente ese final feliz viene luego de aventuras, contratiempos, momentos de zozobra y personajes malísimos que ponen obstáculos para que el amor verdadero y la felicidad triunfen en la vida de los protagonistas.
Una mujer contaba que su madre expresaba, como deseo, “que tengas una vida interesante” y decía que, en definitiva, no estaba del todo segura de que fuera un buen augurio. En los cuentos, cuando ya llega la felicidad, se deja de narrar porque ya no hay qué contar, lo interesante es el camino para llegar a ese “y fueron felices, comieron perdices y a mí no me dieron porque yo no quise”.
¿Habrá que elegir? ¿Será necesario ceder ese siempre para que la propia vida tenga armonía? ¿Será mejor “una de cal y una de arena”, como se dice por ahí? O quizá sea una ilusión esa cuestión del título, de la totalidad. La misma película da una vuelta de tuerca sobre esa cuestión, no es la pócima mágica que tiene el hada madrina y que ofrece “belleza y felicidad para ti y tu amor verdadero” la que garantiza cumplir los deseos. O a lo mejor lo que hay que hacer es redefinir el alcance de las palabras y de las expectativas. La peor época que estemos viviendo puede tener un momento de regocijo porque llegamos a la esquina y justo justo venía el colectivo y, además, con lugar para sentarnos.
Los cambios a veces pueden ser resistidos, generar miedo pero demuestran movimiento, acción, vida y, casualmente – o sin casualidad- en un momento de la película suena la canción de David Bowie, Changes, cambios.
Lo mejor va a ser ir cerrando la columna de hoy, armar una playlist con las grandes canciones que suenan en Shrek 2 y salir a caminar un rato, que eso siempre pone de buen humor.
¡Ah! La señora que buscaba la muñeca pasó por el museo con su hija y la muñeca, contó que apareció, estaba debajo de la cama de la nena.
