Se trata de una profunda emoción de frustración porque creemos que no somos amados como realmente lo necesitamos o merecemos por nuestros seres queridos, ya sea padres, hermanos, amigos o pareja. Es una emoción universal que pueden sentir chicos como grandes. Tampoco tiene que ver necesariamente con la realidad, ya que puede haber una causa real que la provoque, o no, sino que sea provenga de una percepción distorsionada, ya sea inventada o imaginada.
En los infantes es muy frecuente la aparición de celos ante la llegada de un hermano, especialmente entre los dos y los cinco años. Pero no siempre es hacia el hermano más chico. También puede darse a la inversa: los celos hacia el hermano mayor. De todas maneras estos celos son de carácter adaptativo, ya que el niño va acomodándose a la nueva situación y su nuevo rol compartido en la familia. Es necesario tener en cuenta las características personales de cada niño, ya que algunas de ellas podrían facilitar la aparición de esta emoción. Por ejemplo, niños más sensibles, estructurados, que tienen dificultad para aceptar cambios en su entorno y expresar verbalmente sus sentimientos. Cada niño es diferente a otro y por lo tanto lo es también la percepción que tiene de lo que sus padres vuelcan hacia él y hacia los hermanos, independientemente de la realidad concreta, ya que esto depende más de sus características personales y las experiencias vividas. Esto explica por qué a veces creemos haber sido equilibrados en lo que brindamos a nuestros hijos y esto se contrapone con la impresión que ellos tienen.
Cómo reconocerlos
Hay muchas maneras en que pueden expresarse los celos en los niños y hay que aprender a reconocerlos.
Pueden verbalizarse claramente o pueden camuflarse detrás de otras conductas. Hay que esta atentos ante cambios súbitos en el humor, manifestaciones de tristeza, llantos frecuentes, injustificados, manifestaciones de infelicidad; incluso pueden manifestar abiertamente que no se sienten queridos.
Pueden desarrollar cambios conductuales como forma de acaparar la atención de los padres. Por ejemplo, retroceder en habilidades ya logradas: mojar la cama, hablar como bebé, chuparse el dedo.
Pueden mostrar síntomas en la alimentación, negándose a comer o rechazando ciertas comidas, incluso las que siempre les gustaron.
Desplegar actitudes agresivas hacia los juguetes o los animales; mostrarse tercos y en franca oposición, desobedientes y desafiantes frente a los padres, amigos o maestras.
Por último, no es raro que manifiesten dificultades para dormir, se despierten con frecuencia o pidan dormir en la cama de los padres.
Cómo conviene tratarlos
Como padres de un niño celoso, lo primero es reconocer el problema y consensuar entre ambos qué estrategia conjunta seguir.
Poner mucha atención en lograr un equilibrio entre todos los niños, tratando de no mostrar ninguna diferencia entre los hermanos, y tratando de aumentar y optimizar el tiempo que les dedicamos. Favorecer la comunicación y unión entre todos los miembros de la familia, compartiendo actividades placenteras. Fomentar el diálogo, resaltando los aspectos positivos de cada uno de ellos.
Frente a conductas disruptivas que podemos inferir que sean desencadenadas por celos, abordarlas en principio con tranquilidad. En realidad se trata de un reclamo de atención y amor, pero mal encarado. No favorecerá en absoluto que también nosotros nos enojemos o los recriminemos. Más saludable es mostrarles nuestra decepción por su conducta y quitarles atención y protagonismo. Luego, en otro momento, con la situación superada, es conveniente hablar con ellos para ayudarlos a razonar sobre sus conductas. Recordemos siempre que están pidiendo atención, que debemos dársela pero no en el momento del berrinche.
En general se circunscribe a una etapa que de crecimiento que luego se va suavizando ya que también se va generando una historia y una lazo amoroso entre los hermanos.
Sólo cuando esta situación se prolonga demasiado en el tiempo y provoca gran malestar en la familia, deteriorando las relaciones, es cuando se torna patológico y requiere la intervención de un profesional.
