Hay una escena que se volvió casi imposible de encontrar: esperar sin hacer nada. Esperar el colectivo mirando el celular. Esperar un turno respondiendo mensajes. Comer mirando una pantalla. Caminar escuchando un podcast. Hacer ejercicio mientras se mira contenido. Incluso ir al baño puede convertirse en una oportunidad para revisar las redes. El problema no es la tecnología. El problema aparece cuando cada segundo vacío necesita ser llenado. Y ese vacío, que solemos interpretar como aburrimiento, podría cumplir una función mucho más interesante de lo que pensamos.

Cuando la mente queda sin instrucciones

Durante años, la mente divagando fue considerada casi un defecto: falta de concentración, distracción, pérdida de tiempo. La neurociencia modificó parcialmente esa mirada. Una de las redes cerebrales más estudiadas en este contexto es la llamada red neuronal por defecto o default mode network (DMN), un conjunto de regiones cerebrales que participa en procesos como la memoria autobiográfica, la reflexión sobre uno mismo, la imaginación y el mind-wandering: esos momentos en los que los pensamientos se alejan espontáneamente de la tarea que estamos realizando.

Esto no significa que “estar aburrido active la creatividad” automáticamente. La relación es más sofisticada. La investigación contemporánea plantea que la divagación mental puede colaborar con procesos creativos porque permite combinar información, recuerdos y asociaciones que no necesariamente estaban conectados de manera evidente. Una revisión publicada en 2025 destaca precisamente el papel de la red neuronal por defecto en el pensamiento asociativo remoto y en distintos procesos vinculados con la creatividad. Por eso una idea puede aparecer mientras caminamos, nos duchamos o miramos por la ventana. No necesariamente porque el cerebro haya dejado de trabajar. Quizás porque dejó de recibir instrucciones externas durante unos minutos.

Argentina: casi todos estamos conectados

La dimensión del fenómeno también puede observarse en los datos locales. Según el INDEC, durante el cuarto trimestre de 2024 el 93,7% de los hogares urbanos argentinos tenía acceso a internet. Además, el 89,7% de la población utilizaba internet y aproximadamente 91 de cada 100 personas de cuatro años o más utilizaban teléfono celular. La conectividad continúa creciendo: durante el primer trimestre de 2026 se registraron en promedio 51.176.541 accesos a internet en el país, un 3,8% más que en el mismo período del año anterior. La estadística no dice cuánto tiempo pasa cada argentino frente a una pantalla. Pero sí muestra algo contundente: la posibilidad de estar permanentemente conectado dejó de ser excepcional.

El cuerpo también participa de la hiperconexión

La discusión no es exclusivamente cerebral. Pasar largos períodos en conductas sedentarias implica también una cuestión biomecánica. Cuando permanecemos mucho tiempo frente a una computadora o un teléfono, tendemos a mantener posiciones sostenidas: cabeza adelantada, cuello en flexión, hombros proyectados hacia adelante y menor variabilidad del movimiento. Eso no significa que exista una única “postura correcta” ni que mirar una pantalla vaya a producir inevitablemente una lesión. El cuerpo humano es adaptable y puede tolerar diferentes posiciones. El problema aparece cuando la misma posición se mantiene durante demasiado tiempo y prácticamente no existe variación.

Una revisión sistemática publicada en Preventive Medicine encontró una asociación entre conducta sedentaria y dolor cervical en adultos; el uso de computadora y, particularmente, el de teléfonos móviles también mostró asociación con mayor riesgo de dolor de cuello. Los autores, sin embargo, advierten que la relación causal no puede establecerse de manera definitiva. Desde la biomecánica, entonces, el mensaje no debería ser “sentate perfecto”. Debería ser: cambiá de posición, movete, variá la carga y dale al cuerpo oportunidades de recuperar movimiento.

El sedentarismo tampoco se combate solamente con una hora de gimnasio

La cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo encontró que el 44,2% de la población adulta presentaba un nivel bajo de actividad física. La OMS recomienda que los adultos acumulen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, además de realizar fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. Pero hay una idea especialmente importante: hacer ejercicio no convierte automáticamente en saludable todo el resto del día sedentario. Una persona puede entrenar una hora y después permanecer sentada muchas horas. Por eso las pequeñas interrupciones del sedentarismo también importan. Levantarse, caminar, estirar, subir una escalera, cambiar de posición, mirar por una ventana, respirar profundamente. No parecen grandes acciones, pero cambian la ecuación del día.

¿Y qué tiene que ver el aburrimiento?

Mucho. Aburrirse no debería confundirse con estar deprimido, apático o aislado. Tampoco significa que haya que eliminar todos los estímulos. El aburrimiento puede ser simplemente ese intervalo en el que no hay una tarea externa reclamando nuestra atención. Y ahí aparece una oportunidad: la mente puede recuperar recuerdos, anticipar escenarios, relacionar ideas o simplemente divagar. El problema es que muchas veces no llegamos a ese punto. Apenas aparece el silencio, aparece el teléfono. Apenas llega una espera, llega Instagram. Apenas termina una serie, comienza otra. Apenas aparece una pausa, la llenamos.

Pero cuidado: no toda divagación es saludable. La investigación sobre mind-wandering muestra justamente ese doble filo: puede favorecer procesos como creatividad y planificación, pero también asociarse con errores de atención o rumiación. La diferencia está, entre otras cosas, en qué hace la mente con ese espacio. Una cosa es dejar que aparezca una idea. Otra muy distinta es quedar atrapado durante veinte minutos en el mismo pensamiento angustiante. Por eso no se trata de romantizar el aburrimiento. Se trata de recuperar la capacidad de tolerar pequeños momentos sin estímulo externo.

Del cerebro al cuerpo: volver a habitarse

Ahí es donde el movimiento consciente puede convertirse en una herramienta. El yoga no debería presentarse como una manera mágica de “apagar el cerebro”. No existe evidencia suficiente para afirmar algo tan simple. Pero sí existe investigación que encuentra efectos favorables del yoga sobre distintas medidas relacionadas con estrés y regulación fisiológica. Una revisión sistemática de ensayos controlados encontró evidencia preliminar de una mejor regulación del sistema nervioso simpático y del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, además de mejoras en síntomas de ansiedad y depresión. La propuesta no es agregar otra obligación a la agenda. Es recuperar algo mucho más sencillo: movimiento sin pantalla, respiración sin aplicación y algunos minutos sin producir nada.

Cinco minutos sin hacer nada

Quizás el desafío más moderno no sea meditar media hora. Quizás sea algo mucho más incómodo: sentarse cinco minutos sin mirar el teléfono, caminar sin auriculares, tomar un café sin fotografiarlo, mirar por la ventana, dejar que aparezca un pensamiento sin convertirlo inmediatamente en una búsqueda. No hacer nada productivo. No optimizar ese momento. Simplemente estar.

Porque en una época en la que cada minuto puede ser monetizado, registrado, medido o convertido en contenido, el derecho a aburrirse también puede convertirse en una forma de recuperar autonomía sobre nuestra atención. El cerebro necesita estímulos, pero también necesita espacios para integrarlos. El cuerpo necesita movimiento, pero también necesita dejar de responder permanentemente.

Y quizás el verdadero lujo contemporáneo no sea tener más tiempo. Sea poder estar cinco minutos con él sin llenarlo de nada. A veces, no hacer nada no es perder el tiempo. Es darle al cerebro la oportunidad de encontrar algo nuevo.

Datos para quedarse pensando

  • 93,7% de los hogares urbanos argentinos tenía acceso a internet en el cuarto trimestre de 2024.
  • 89,7% de la población utilizaba internet y alrededor de 91 de cada 100 personas de 4 años o más utilizaban teléfono celular.
  • 44,2% de los adultos argentinos registraba actividad física baja según la cuarta ENFR.
  • La OMS recomienda 150–300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada y fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.
  • La red neuronal por defecto está vinculada con memoria, autorreferencia, pensamiento espontáneo y mind-wandering.
  • Una revisión reciente señala que esta red participa en procesos relacionados con asociaciones remotas y creatividad.