Tal vez, el origen de lo que está pasando en Argentina hay que buscarlo cuando se terminó de un hachazo nuestra vida constitucional en 1930. Si bien la democracia es una forma de gobierno frágil y llena de defectos, es lo mejor que se ha inventado. Según Tocqueville, la democracia puede degenerar, por eso es necesario encontrar los antídotos, que nunca son los golpes de Estado. Y otro de nuestros males es que se dejó de realizar la autocrítica en todas las instituciones y partidos políticos, y eso puede traer una violencia refinada que nos puede llevar, otra vez, al terror al totalitarismo. Para recomponer al hombre argentino, se debe empezar dando el buen ejemplo desde arriba, algo que nuestros gobernante dejaron de realizar desde hace muchísimos años. Se dice que nuestra “decadencia se precipita con mayor vehemencia”, y es así, porque es como un atleta que se va preparando y va batiendo sus tiempos hasta que llega al cenit y luego comienza a declinar. Algo así ha ocurrido con nuestros gobiernos, que cada uno fue superando en corrupción al anterior, cosa que hoy continúa muy superlativamente; pero, en algún momento, el pueblo dirá basta a la gran impunidad que tenemos y la decadencia del país comenzará a declinar. Algo que la historia nos dice y que, además, se ha visto, es que muchos hipercríticos que llegaron al Gobierno, lo primero que realizan es no aceptar la crítica. Eso se debe a que si tolerasen la crítica, su actuar no sabría cómo resistir.