Foto: Gemini

Corren los últimos días de mayo de 2026. Una chica de primer año de secundaria, como tarea escolar, tiene que proponer una tapa de algún medio periodístico para comentar, quise ayudarla. “¿Infobae?”, “¿Clarín?”, “¿El Sol?”, “¿MDZ?”, “¿Página 12?”, “¿La Nación?” La Nación. Elegir un titular siempre plantea la posibilidad de acceder a distintos medios. El sesgo, la línea editorial de cada espacio hará dudar de cuál elegir. O no. También se puede optar porque es el diario que cargó más rápido en la computadora o porque ese medio periodístico no pide suscripción para ver su contenido. En Infobae aparece Adorni. La nota va acompañada con un dibujo, realizado con inteligencia artificial,  asemeja a uno hecho con lápices, del estilo de los que hacen ilustradores de juicios o dibujantes de tribunales. La función de esos bocetos es capturar los momentos clave, las expresiones y la tensión de las audiencias. En ese dibujo aparece Adorni mirando papeles con la leyenda “Declaración jurada” y detrás de él se ve una tele donde Messi corre festejando, con la camiseta argentina puesta. La leyenda dice “Antes del Mundial”. Pareciera que todo eso ocurrió hace un siglo.

Al final queda el de La Nación, porque carga primero y porque el título “rebelión de tuiteros” es interesante, habla de un grupo de personas que publican en una red social que ni siquiera se llama Twitter. Ya hace tiempo se designa con la X, una letra que refiere a la incógnita, a lo que no se conoce, a lo que hay que despejar en las ecuaciones. Hay que pasar sumando si está restando, multiplicando si está dividiendo y, alguno que otro se acordará que la potencia pasará como raíz cuadrada. Pero eso es otra cuestión.

El titular pasa, pasa de largo, sólo llama la atención que se designa a la gente como participantes de algo que ya no existe. Quizá eso sea lo llamativo ¿qué se es si el grupo de pertenencia ya no existe? Como en la película La terminal, donde Tom Hanks ya no tenía nacionalidad porque su país había dejado de existir. ¿Qué somos? ¿Qué nos define contra viento y marea? ¿Qué seguiremos siendo al final de los tiempos? ¿Importará nuestro apellido? ¿Será el nombre de pila lo que subsista? ¿Un apodo, la manera en que nos conoce la gente? Nuestro género, nuestros deseos, nuestras inclinaciones artísticas o aquello que aborrecemos, ¿será eso lo que nos define? En última instancia, pertenecer a la especie humana sería un bastión del que nunca nos podrán dejar afuera.

En rigor a la verdad este texto no es una historia, es una serie de reflexiones inconexas derivadas de un par de titulares. Inconexas no, en realidad una cosa trae a la otra, como un Cadáver exquisito, una palabra, otra, una idea, una película, un dibujo, la política, las internas, nombre propios como Santiago Caputo o Milei…¿cuánto tiempo más van a ser parte de los titulares? ¿Hasta cuándo seguiremos leyendo, escuchando sobre ellos?  Leemos sus nombres en un diario que fue fundado en enero de 1870, hace 156 años. Allí habrán aparecido  nombres de tantas personas, de tantos presidentes – Frondizi, Perón, Pellegrini, Yrigoyen, Farrell, Alfonsín…- infinidad de personajes. Algunos quedan, resultan conocidos, o por lo menos resuenan en la memoria de mucha gente. Otros ni siquiera tendrán hoy una entrada en Wikipedia.  Todo se fue diluyendo, se fue esfumando en el aire de la historia. Queda el soporte, el medio de comunicación, antes en papel, ahora muy poco en papel de diario y mucho más en plataformas digitales, en la Nube. ¿Se esfumará más rápido todo en la nube?

Cuando se usa la frase “con el diario del lunes…”  se señala que ésa es la manera en la que efectivamente puede saberse cómo fueron las cosas. Quizá, frente a lo vertiginoso de los cambios y la volatilidad de la realidad, tendremos que esperar al diario del lunes para saber qué es lo que nos hace trascendentes y  qué será lo que quede de nosotros cuando ya no quede nada en pie.