Bettina Ballarini fue editora, profesora, poeta, escritora, gestora cultural y una activista de la cultura de Mendoza. Pocos días antes de su partida, la sección de Cultura de El Sol tuvo el privilegio de publicar su cuento inédito “La Teresa Gonzáles”, que fue cedido generosamente por Bettina para incluirlo en las notas periódicas de “Cuentos mendocinos”. Su fallecimiento fue una triste noticia para la comunidad literaria y académica local. Su amiga, colega y discípula, la profesora Diana Fiore, comparte con los lectores una sentida despedida a través de las palabras que se reproducen a continuación.

Desde el sábado 20 de marzo, una media mañana que nos dejó sin palabras, es que no podemos creer cierta tu partida. Escribo en plural porque es de muchos la conmoción y porque fue de muchos la fortuna de conocerte y compartir diversos caminos en esta árida tierra, nuestro hogar que tanto quisiste y que poetizaste con maestría.

Tu mundo vital de edición, de escritura y de poesía, tu mundo docente y artístico ha sufrido un remezón y, como luego de cada catástrofe, se siente un desamparo ante tantos proyectos que han quedado en el camino. Entonces, se hace urgente celebrarte, difundir tu obra para seguir disfrutando de tu presencia que permanecerá a través de tu palabra.

Como estudiante en tus clases, hace ya tantos años, conocí tu invaluable erudición literaria, pero te mostrabas desde muchos puntos de vista, porque eras realmente multifacética. Ideabas proyectos todo el tiempo, que incluían tus grandes pasiones: la escritura, la poesía, la fotografía y los guiones de cine. Claro, fundaste la Escuela Regional Cuyo de Cine y Video, y con la misma idea de amalgamar ramas artísticas, fuiste directora de la cátedra libre “María Luisa Bemberg”, un espacio absolutamente creativo y único.

Además, creaste tu gran proyecto editorial, al que querías dedicarte por entero cuando muy pronto te jubilaras de la Facultad, Ediciones del Jagüel, de impecable factura.  No es vano ese nombre, habiendo mantenido tu fascinación por el desierto de Lavalle, ese espacio mítico del que te enamoraste en tu infancia, y que quedó registrado en tu hermosa colección de tradiciones e historias populares, Los ojos del desierto.

Te ocupaste de promover y difundir nuestra cultura mendocina, de construir redes en los que la ciencia, el arte, la cultura, de la mano de la literatura, estaban en constante movimiento. Cuánto por sostener y preservar tenemos gracias a tu gran trabajo.

Al observar las fotos que posteabas en tus redes sociales, creo que en este último tiempo fuiste nuevamente una gran observadora, siempre con tu mirada poética: tu generoso jardín, la casa familiar, tu entrañable Comunidad Pol, que te debe estar echando mucho de menos. Te entregabas por entero a tus proyectos, con tu carácter tano de origen.

Las pérdidas familiares en tu vida llegaron demasiado temprano, pero fuiste valiente y fuerte y acogiste a tus sobrinos con gran amor, y a sus hijos, tus sobrinos nietos, los hiciste partícipes de tus historias infantiles y de tu amada comunidad perruna. Amabas a los niños y a los animales, siempre creíste que hacían el mundo mejor.

Tu hermosa casa albergaba objetos y grandes recuerdos: la bicicleta de tu abuelo, una súper 8 de colección, una talla africana de tus viajes de aprendizaje, hermosas fotos antiguas y muchos libros. En el 2000, con el cambio de milenio, publicaste tu primer poemario, Espacios que los pájaros pierden, un bello juego entre poema y objeto literario. Luego uno de los mayores, Sin fundación mítica (2002).  Apareció La cantina del alba (2007), con el que presentaste tu sello editorial. Y después de un tiempo uno muy original, en clave de nostalgia por el lenguaje virtual, Banana Spleen (2012).

Tus últimas obras son una reveladora forma de llegar a la delicadeza y la emoción: Lejos de Lisboa y unas canciones más (2018), que incluye un bello recorrido poético musical y visual, El libro de Juana (2020), dedicado a tu sobrina nieta; En casa. Variaciones sobre una misma pandemia (2022), que incluyen tus fotografías y Mi pie posible (2024) del que decías que no era una autobiografía en sí misma, sino que son imágenes de vida en registro de poemas. Lo decías a raíz de las dificultades con tus pies que, en tus propias palabras y con el humor que te caracterizaba, no te habían permitido ser fiel a la raíz etimológica de tu apellido, Ballarini.

Pero, creo que, al contrario, sí que danzabas todo el tiempo, siguiendo tus impulsos creativos que te llevaron muy lejos. Organizaste en 2024 del Primer coloquio de poesía desde Mendoza, en la Facultad de Filosofía y Letras, y en el marco de la Feria del Libro de Mendoza, al que asistieron grandes figuras de la poesía nacional, y participaron más de 70 poetas de todo el país, con lecturas de sus poemas y presentación de sus libros.

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Cuentos mendocinos: “La Teresa Gonzáles” de Bettina Ballarini

La literatura mendocina se nutre de nuestra historia, nuestras costumbres y nuestra memoria como comunidad. Conocerla y recorrerla es emprender un proceso de revelación sorprendente, que lleva a profundizar en la propia identidad cultural. Periódicamente los relatos compartidos tienen el objetivo…

En ocasión del Coloquio, que fue sin duda una hermosa forma de despedirte, expresaste que había que “insistir en la presencia de la poesía en los ámbitos escolares. Hace mucho tiempo era muy habitual estudiar y memorizar poesía. Muchos de nosotros recordamos poesías clásicas, particularmente romances, que conservan aspectos musicales que permiten memorizarlos. Esta práctica tiene aspectos positivos, más allá de que, en algunos casos, el análisis se llegue al extremo de medir 600 versos endecasílabos. Sabemos que la formación en poesía no pasa por ahí. Tal vez, a partir de este encuentro, surjan algunos tips que podamos compartir con docentes y maestros, para que la poesía vuelva a tener el prestigio que alguna vez tuvo, en una época en que se consolidó como el privilegiado de entre los géneros aristotélicos. Estará bueno discutirlo desde la presencia viva de ustedes”.

Trabajaste en el Nivel Superior muchos años, como funcionaria y como docente, especialmente en el IES Nº 9-024, de Lavalle. Ese espacio lo sentías como propio, siempre guiada por esa mirada fascinada del entorno y sus leyendas.

“Para todos los que creen que el ‘desierto’ de Lavalle es un desierto. Y para todos y cada uno de los que saben que no”. Ese es uno de los epígrafes de tu colección de historias sobre Lavalle. Allí pediste te llevaran para tu entrega final.

Muchos docentes, escritores, realizadores, gente de la cultura se movilizaron cuando supieron que necesitabas donantes. Las redes no tardaron en responder.

Sin duda es difícil pensar en que no nos encontraremos y que muchos proyectos han quedado sin terminar. Es lo propio de estas sorpresas, estos momentos que nos dejan sin palabras. Sin embargo, el consuelo de todo lo que dejaste escrito y producido, la huella de tu camino es tan honda, que es un ejemplo para quienes te conocimos y te queremos. Va mi agradecimiento profundo por todo lo compartido y por haber generado tantas oportunidades de crecimiento educativo y cultural.