La Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) dará inicio a su temporada 2025 con un concierto que fusionará dos géneros icónicos de la música latinoamericana: el tango y la bossa nova.
La cita será el viernes 28 de febrero en la Nave UNCuyo y contará con la participación del bandoneonista mendocino Fabricio Colombo, quien desarrolla una destacada carrera en Europa.
El director brasileño Tobias Volkmann, al frente de la orquesta, adelantó que este año la programación será variada, con repertorio sinfónico tradicional, propuestas innovadoras y fusiones con otros géneros. Entre los destacados, se encuentra la interpretación de una sinfonía de Gustav Mahler en el segundo semestre y conciertos temáticos que incluirán música de cine y videojuegos.
“La propuesta de La Sinfónica es consciente de que una orquesta tiene distintos públicos. No existe un único espectador para la música sinfónica, sino que se programa para la diversidad y la variedad de una sociedad”, explicó Volkmann. Por ello, la programación alternará grandes obras del repertorio académico con proyectos más experimentales como Sinfónica Electrónica, La Orquesta por Dentro y Baila Conmigo.
¿Cómo se proyecta una nueva temporada, teniendo en cuenta que el público de la Sinfónica está acostumbrado a un programa diferente, no solamente clásico?
La propuesta de la Sinfónica es consciente de que es una orquesta que tiene distintos públicos, entonces se programa para la diversidad.
Hay gente a quien le gusta mucho la música de películas y a partir de esto, quizás se anime a venir a un sinfónico, por ejemplo, de Stanley Kubrick. Hay quienes prefieren la música de videojuegos, la música popular, el pop o la música argentina. Otros disfrutan del concierto tradicional, con obertura, solista y sinfonía.
También está el público curioso, que quiere saber cómo funciona una orquesta y se encanta con la experiencia de escucharla desde adentro, sentado junto a los músicos. Hay quienes buscan novedades y quieren música que no se toca a menudo.
Estos públicos forman una especie de teoría de conjuntos: son diversos, pero en algunos puntos se interceptan. Por eso, pensamos la temporada alternando proyectos distintos, para que nadie se aburra, ni los músicos ni el público.

Se suele hablar de una cierta rivalidad entre orquestas. ¿Cómo se diseñan las propuestas artísticas para evitar la repetición de repertorios entre distintos directores?
Antes que nada, yo no veo rivalidad, porque son instituciones hermanas: una apoya a la otra. Además, son teatros, fechas y públicos distintos. A veces puede pasar que toquemos la misma obra en el año, algo que ocurre muy poco, pero ¿por qué no? Escucharla de una manera distinta solo enriquece el escenario cultural y social de Mendoza.
Nosotros tenemos un perfil muy claro: somos una orquesta sinfónica, la más tradicional de la provincia, con 76 años de historia. Una de las más tradicionales de América Latina. Tiene un nombre y un recorrido, pero también mira al presente y al futuro con conciencia de su pasado. Programamos para todos los gustos y con variedad.
¿Hay obras o compositores que te gustaría interpretar, pero que por cuestiones de derechos u otras restricciones no sea posible llevar a escena?
Sí, hay compositores como Igor Stravinsky, György Ligeti o Dmitri Shostakóvich, por ejemplo, con obras que no siempre podemos hacer. Pero es muy importante tocar música contemporánea: el año pasado hicimos estrenos argentinos.
Existen maneras de buscar apoyo o colaboraciones con compositores, editoriales y consulados. Sin ir más lejos, el Consulado General de Brasil nos ayudó con el pago de derechos para interpretar a Heitor Villalobos en los últimos dos años. Hay modos de programar música protegida sin incurrir en tantos costos, y de vez en cuando es posible ofrecer una obra nueva.
¿Es lo mismo dirigir en Brasil que en Argentina? ¿Qué diferencias encontraste cuando llegaste y de qué te apropiaste?
Claramente, no es lo mismo, pero también sí. Dirigí en Alemania, Rusia, Portugal, Estados Unidos, Brasil, Chile, Uruguay y Argentina, y hay algo en común: somos músicos orquestales. Pero las diferencias culturales son claras.
Por ejemplo, dentro de Brasil mismo hay diferencias: fui director artístico en Río y en São Paulo, y solo la diferencia cultural entre esas dos ciudades ya genera cambios en la manera de hablar y comunicarse.
En Argentina cambia el ritmo del ensayo, la pausa, el mate en vez del café. Los horarios de los conciertos son distintos: en Brasil los conciertos suelen ser más temprano. En Mendoza, cuando llegué, me sorprendió que los conciertos empezaran a las 21. En Río, por seguridad, suelen empezar a las 19, para que la gente tenga tiempo de tomar el subte y volver a casa.
En Brasil se toca mucha música brasileña. La Sinfónica Nacional que dirigí tenía por principio estatutario tocar más del 50% de su programación con música local. En Mendoza, en cambio, el público espera los grandes clásicos del repertorio canónico.

¿Sería una buena estrategia implementar la modalidad de que el 50% de la música interpretada sea local?
Es interesante si se cuenta con apoyo presupuestario para una programación más alternativa o que tome más riesgos, sin depender de la venta de entradas.
Cada realidad socioeconómica define cómo se va a actuar como institución cultural. En Mendoza, para la universidad es importante mantener una variedad de programación y una fuerte presencia de público. La ocupación de la sala ha crecido mucho en los últimos dos años y supera el 80%, lo cual es muy significativo.
Una institución cultural que está en diálogo con su sociedad tiene más conciencia de su rol y sabe hacia dónde dirigirse.
Más allá de la música, la comunicación de la Nave UNCuyo y la universidad ha sido clave para atraer público diverso. ¿Te involucrás en ese aspecto o delegás?
Tengo un equipo muy bueno y me involucro también. El perfil de la orquesta tiene mucho que ver conmigo, pero también con el deseo de la propia orquesta.
La programación y muchas decisiones artísticas son tomadas en conjunto con una Comisión Artística, elegida por los músicos, que participa activamente. Es una de las orquestas más democráticas en las que he trabajado. De hecho, mi elección como director fue por votación, basada en un proyecto artístico.
Esa madurez institucional se refleja en la comunicación de la orquesta. No es mi orquesta, ni del público, ni solo de los músicos o de la universidad: es de todos.
