El teléfono de Luciana Celeste Báez tenía algo más que un valor material. En su memoria estaban las fotografías, los videos y los recuerdos de la joven de 22 años que murió en el violento choque ocurrido la noche del 27 de agosto en el cruce de calles Colón y Perú, en Ciudad. Después del impacto, mientras la escena todavía concentraba la atención de quienes pasaban por el lugar, el aparato desapareció. Su familia comenzó a buscarlo e hizo viral el pedido.
El Ministerio Público abrió una causa en la Unidad Fiscal de Robos y Hurtos para determinar qué había ocurrido con las pertenencias de la víctima. Efectivos de la Unidad Investigativa de Capital (UID) iniciaron la pesquisa. El resultado se conoció esta semana y fue positivo, tal como reveló El Sol.
Casi dos meses después, el celular fue hallado durante un allanamiento en la localidad de Pedro Molina, Guaymallén. Estaba en poder de Lara Antonella Puebla Guillot, una mujer de 26 años que asegura se encuentra en situación de calle y que terminó imputada por encubrimiento simple, luego de que los investigadores no reunieran pruebas suficientes para atribuirle directamente la sustracción del aparato en la escena del accidente.
Pero la historia judicial de Puebla no comenzó con el teléfono de Luciana. En junio, había quedado a disposición judicial por otro episodio similar con un teléfono celular, registrado en la plaza Independencia, en el corazón del centro mendocino.
Según la información a la que accedió este diario, hubo una secuencia con elementos que adquirieron relevancia para reconstruir sus antecedentes: un hombre denunció que le robaron el celular durante una agresión y señaló que uno de los involucrados se lo pasó a Puebla. Cuando los policías intervinieron, la mujer también llevaba pertenencias que dos adolescentes denunciaron como sustraídas.
La coincidencia entre ambos hechos no permite afirmar que haya cometido el mismo delito en las dos oportunidades, detallaron las fuentes judiciales que hablaron con este diario. Sin embargo, este expediente constituyó un antecedente relevante para entender por qué su nombre volvió a ser parte en una causa penal con el mismo destino y por qué el fiscal Juan Carlos Alessandra, de Flagrancia, dispuso su detención en la causa por el teléfono de Báez.
Recuperaron el celular de Luciana Báez y una mujer terminó presa por encubrimiento
El celular de Luciana Celeste Báez, la joven de 22 años que murió en el choque ocurrido la noche del miércoles 27 de agosto en el cruce de Colón y Perú de Ciudad, fue recuperado durante un allanamiento realizado en el…
El celular que “desapareció”
La noche del miércoles 27 de agosto, Luciana viajaba como acompañante en un Fiat Cronos que circulaba por calle Perú. Era un vehículo contratado a través de una app de viajes. Al llegar al cruce con Colón, el auto fue impactado por un Citroën C4 Cactus que avanzaba por esa última arteria. La violencia del choque hizo que la joven saliera despedida del vehículo y muriera en el lugar a los pocos minutos.
Su novio, que también viajaba en el rodado, sufrió lesiones de gravedad. Otras tres personas resultaron heridas y los ocupantes de los dos vehículos fueron trasladados a distintos centros asistenciales.
Por el siniestro quedó imputado Héctor Octavio Barroso Gallegos, de 21 años, quien conducía el Citroën. La fiscal de Tránsito Mariana Gutiérrez le atribuyó los delitos de homicidio culposo agravado, lesiones graves culposas agravadas y lesiones leves culposas, todos en concurso ideal.
Entre las primeras evidencias incorporadas a la causa había registros de cámaras que mostraban al Citroën atravesando el semáforo en rojo, aunque la instrucción también se encuentra en proceso y analiza otros elementos para establecer con precisión cómo se produjo la colisión.
Mientras ese expediente avanza, surgió otro problema: la desaparición de sus pertenencias.
Entre los objetos que faltaban estaba un Motorola G24 Power celeste. El teléfono era importante para la familia de Luciana, por recuerdos personales que guardaba. Ante la ausencia del aparato y de otros elementos, la fiscal Gutiérrez dispuso una compulsa para investigar qué había sucedido con las pertenencias que quedaron en la escena después del siniestro vial.
La hipótesis era que algunas personas en situación de calle se habían acercado a los vehículos tras el impacto y habían retirado objetos que estaban en el lugar.
La investigación por el hurto calamitoso quedó en manos del fiscal de Robos y Hurtos José Manuel García Mango.
El trabajo de la UID Capital y las medidas ordenadas en ese expediente permitieron llegar hasta una casa de Pedro Molina. Allí, durante un allanamiento desarrollado el martes, dieron con el celular de Luciana en poder de Puebla.
El hallazgo permitió recuperar el aparato, pero no resolvió por sí solo la pregunta central: quién lo había retirado de la escena del accidente y cómo había llegado hasta la mujer.
Los investigadores no contaban con elementos suficientes para sostener que Puebla hubiera sido quien se apoderó del teléfono en el lugar del choque. Ningún testigo la marcó como quien se lo llevó del lugar. Por esa razón, la causa que se abrió en su contra fue por encubrimiento simple, una figura distinta de la sustracción original.
La imputación apunta a su intervención sobre un bien proveniente de un delito precedente, en este caso el hurto calamitoso, sin que se le atribuya formalmente haberlo cometido.
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La mujer de 26 años que terminó en la cárcel
Después del hallazgo del teléfono, el fiscal Alessandra dispuso la detención de Puebla. La decisión estuvo vinculada con la existencia de otras actuaciones judiciales y con la consideración de un posible escenario de reiterancia delictiva. La mujer iba a ser trasladada a la cárcel de mujeres de Cacheuta después de su paso por Es.Tra.D.A.
El expediente por el celular de Báez no es el único en el que figura como imputada. También fue investigada por robo agravado, justamente, ese hecho ocurrido en la plaza Independencia.
Qué pasó ese día en el paseo público
El 17 de junio, cerca de las 17.30, personal policial que se encontraba en la base de la Unidad de Acción Preventiva (UAP) de Capital fue alertado por empleados municipales sobre una pelea en los baños públicos de la plaza Independencia.
Cuando los efectivos llegaron, encontraron a dos hombres que se estaban peleando. Fueron separados. Luego confirmaron que ambos se encontraban en situación de calle. Del hecho se desprende que la discusión se debía a problemas que arrastraban desde hacía varios días.
La intervención parecía concentrarse inicialmente en esa riña, pero poco después se acercó otro hombre para denunciar un robo.
Esta persona manifestó que caminaba por la plaza cuando se le aproximó un grupo de hombres, identificando a quienes participaban de la pelea, además de una mujer. Según su relato, comenzaron a golpearlo y, durante la agresión, se le cayó el teléfono celular.
El denunciante sostuvo que uno de estos sujetos tomó el aparato y se lo pasó a Puebla. Después, el grupo escapó del lugar.
Ese señalamiento es uno de los datos importantes de ese caso: la víctima del hecho no dijo simplemente que le faltaba el teléfono, sino que identificó a una persona que, según su versión, lo había recogido y entregado a la mujer.
La secuencia continuó con la llegada de dos adolescentes que denunciaron haber sufrido robos de sus pertenencias.
Uno de ellos contó que estaba con un amigo cuando se les acercó un grupo de hombres que los amenazó con golpearlos. Según su declaración, un hombre de unos 40 años le dio una trompada en la cara y le quitó una mochila azul de la marca Adidas, con útiles escolares, además de un camperón negro con la inscripción Nike.
El adolescente logró reconocer una de las prendas: la llevaba puesta uno de los sujetos que había participado de la riña cuando fue identificado por los policías.
La otra víctima relató que primero le habían robado una gorra cuando salía de gimnasia. Después se reunió con sus amigos y otro grupo de hombres lo amenazó y le sustrajo una mochila negra con elementos escolares, una campera negra y otra gorra.
Por la información del caso, poco después se presentaron dos mujeres con pertenencias de las víctimas.
Una de ellas era Puebla. Los policías dejaron asentado que llevaba el celular denunciado como robado y las mochilas. La otra mujer también tenía mochilas de los adolescentes.
Así las cosas, por la información a la que accedió El Sol, es probable que Puebla solicite la libertad en los próximos días, más allá de la reiterancia de los hechos. Eso será definido por un juez de primera instancia. A pesar de esto, su situación judicial “era complicada” por los hechos similares que la tienen en la mira.
