El sábado 19 de setiembre a las 11, en el Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú – Casa de Fader (San Martín 3651, Mayor Drummond, Luján de Cuyo), se presentará el libro de relatos breves Hacer la lluvia, del artista y escritor Gabriel Fernández.

La presentación se realizará en el marco de la exposición de arte “Solo estelas en la mar”, integrada por esculturas y grabados del mismo autor, que actualmente se exhibe en el museo.

Al finalizar la presentación del libro, el autor realizará un recorrido guiado por la exposición, donde compartirá el proceso creativo que une su obra literaria y su obra plástica.

Sobre el libro

Hacer la lluvia reúne relatos breves en los que lo fantástico, lo onírico y lo cotidiano se entrelazan. Con una prosa de fuerte impronta visual —como lo demuestra su portada—, Fernández construye personajes al borde, marionetas de su propio destino, músicos errantes y seres suspendidos entre el vuelo y la caída. Un libro que confirma la coherencia de una obra donde la palabra esculpe y la escultura narra.

Uno de los textos de Hacer la lluvia

Librepensador

La verdad, no sabría decir si es posible pensar por uno mismo. Si las ideas que tengo son mías o fue alguien más quien las dejó caer en mi mente de manera sutil. 

La primera vez que me pareció, pude pensar verdaderamente. Es decir, dejar de repetir lo que leía o escuchaba para entrever la posibilidad de valerme por mí mismo en el campo de las ideas, tampoco fue por mérito propio. Fue porque vi que se podía, cuando otro lo hizo delante de mí.

Yo aún era joven; lo cual significa que el misterio de existir y también la búsqueda de la verdad ocupaban un lugar importante, no el del olvido; no el de la resignación o el aburrimiento.

Sucedió así:   

El principio no lo recuerdo con precisión, pero no tiene importancia. Baste decir que se produjo a la salida de un festejo religioso de un pueblo pequeño.

Julio, me parece que se llamaba este joven, era un muchacho simple que apreciaba la verdad sin concesiones. Pensaba que la religiosidad implicaba la ignorancia o la credulidad; ambas, formas de la cobardía para no tener que afrontar la angustia de existir sin amparo y así se lo hizo saber al otro. El otro, que tal vez fuese un tal Ramón, no recuerdo exactamente, no alcanzó a discernir si se trataba de un insulto hacia él o hacia sus creencias. Igualmente lo invitó afuera para no romper nada dentro del boliche.

Afuera, el piso era de tierra nomas y después seguía el llano hasta agotar la vista. Cuando salieron estos dos, con esa solemnidad impostada, hubiesen querido creer que se trataba de un duelo, pero era más una ridiculez. El caso es que en la trompeadera, sin armas pero con mucho agarrón y revolcada, Julio terminó por perder un par de dientes. La boca le quedó hinchada y sangrante.

Desde dentro del boliche no se veía otra cosa que una polvareda, era difícil distinguir quién era el “bueno” porque el “malo” se le parecía y porque a la vez no importaba, como tampoco importaba si tenía razón. Mas ¿para un ojo absoluto esto, no sería acaso otra nimiedad?

La cosa duro poquito. Los demás los separaron y al rato todo volvió a la normalidad.

Casi todos entraron nuevamente. Los pocos que restábamos, ocupamos una de las mesitas de afuera; en donde alguien apartó una silla para que Julio se sentara y se terminara de limpiar la sangre de la nariz y de la boca con un manojo de servilletas.

Entonces, mientras que repasaba con la lengua la ausencia de algunas piezas dentales se le ocurrieron estas frases que intentaré reproducir lo más fielmente que me lo permita la memoria:

Dios -dijo Julio levantando las servilletas manchadas con sangre- no quiso ser el bueno, no prefirió la experiencia de ser el malo, tuvo que ser pájaro y perro.

Tuvo que ser la piedra y el faro, tuvo que ser la mugre en el pelo, la presa en las fauces, tuvo que ser Ramón y Julio por separado y a la vez -dijo. Y luego agregó:

¿Habrá tenido Dios la ambición de entenderse a sí mismo o se le habrá ido ocurriendo a medida que iba saliendo de su interior el infinito?

Me pareció extraordinario y también poético que todo esto pudiera salir de dentro de Julio, a pesar de su simpleza, aflojado tal vez por un buen par de trompadas.

Significó para mí una puerta abierta.

Así fue que desperté al prodigioso, al incomparable placer de pensar.

Sobre el autor

Con más de 25 años de trayectoria como ilustrador, Gabriel Fernández es uno de los artistas plásticos más reconocidos y queridos del arte visual mendocino. No sólo es dibujante, sino, además, escultorgrabadista y autor de relatos breves. Es docente de escultura y modelado cerámico en la Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo, donde él mismo se formó y graduó de licenciado en Artes Visuales. Sus trabajos de ilustración se publicaron en los diarios Los Andes, Clarín y El Mercurio (Chile). Actualmente dedica su tiempo a la escritura, a la producción de esculturas, grabados y dibujos independientes e ilustraciones para el campo editorial.

Sobre la exposición “Solo estelas en la mar”

La muestra reúne esculturas y grabados de los últimos años del autor. Un conjunto de piezas que dialogan con los textos del libro y que proponen una reflexión sobre la huella, el viaje y la memoria.

Fotos de Fernando Rosas.

Para agendar

Presentación del libro Hacer la lluvia. Relatos breves de Gabriel Fernández y recorrido guiado por la exposición “Solo estelas en la mar”

Fecha: sábado 19 de setiembre.

Hora: a las 11.

Lugar: Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú – Casa de Fader. (San Martín 3651, Mayor Drummond, Luján de Cuyo).

Entrada libre y gratuita.