Agustín Laje.

En su libro “Generación idiota”, el polémico escritor Agustín Laje critica la inmadurez de la sociedad. El licenciado en Ciencia Política describe, en cinco capítulos, una realidad pesimista sobre la participación de las personas en la vida política de las naciones y hace un recorrido histórico del inicio de las democracias hasta nuestros días.

Platón (Atenas, 427-428 a 347 a.C.), en La República –según comenta Laje– se refiere al significado de la palabra idiota, y sinónimos de ella, como a “aquellas personas que, pudiendo tener participación política (en la polis) para la conformación del orden común, al cual se deberán sujetar, les guste o no, deciden quedar encerradas, al margen de toda discusión pública”.

Platón.

Y a esas personas –continúa diciendo Laje, refiriéndose a la opinión del seguidor de Sócrates–, “no se las tiene en estima porque rechazan la libertad”.

Y, en este punto, el politólogo amplía la explicación de la última frase citada –muy provocadora, por cierto– al decir: “¿Por qué rechazan la participación pública? (los griegos tenían una concepción del concepto libertad muy distinta de nuestra opinión sobre ella). Según nosotros, ‘ser libres’ es la voluntad de hacer lo que nos dé la gana”.

Y continúa: “Para el griego, ‘ser libre’ significaba poder participar en la edificación del orden común, porque es en ese ámbito donde se establecen normas, reglas, a la cuales nos terminamos sujetando”.

Laje termina diciendo sobre la opinión de Platón: “Si puedo (y quiero) participar en la conformación de esas normas, pues seré más libre, porque tendré voz y voto en la conformación sobre esas reglas y normas; sin embargo, el que, pudiendo participar en el proceso, decide quedarse en su casa, mirándose el ombligo, es, entonces, un idiota”.

La aclaración del autor es muy importante para que el lector no atento no traslade el significado actual de idiota, según, entendemos: ‘Tonto a corto de entendimiento’, al significante que Platón (y los griegos en general) le atribuían. Quizá sea importante una acepción de idiota: ‘Que padece de idiocia’. ¿Y qué es la idiocia, según la Real Academia Española (RAE)?: ‘Trastorno caracterizado por  una deficiencia muy profunda de las facultades mentales, congénita o adquirida en las primeras edades de la vida’.

Laje se encarga de aclarar que no es esta última acepción la que debe tenerse en cuenta para comprender el libro, cuyo título es engañoso (el marketing pide esos juegos), sino esta: “Quienes solo saben ocuparse de lo suyo son ‘tontos’ o ‘necios’ porque no participan en la polis, porque no se enteran de lo que pasa”.

Pareciera ser que el ensayo –por los nombres de los capítulos que lo integran– trata de revelar (y develar) el estado mental de chicos de entre 14 y 18 años y que su lectura los ayudaría a conocerse (y diagnosticarse) para zafar de sus problemas y carencias. Pues no. Tampoco está dirigido a los padres para estos que sepan encausar a sus hijos en esa etapa difícil (la adolescencia). En todo caso, una generación delimita un rango cronológico que unifica a un conjunto humano.

En uno de los capítulos, el autor se refiere a que una sociedad; sí, sociedad adolescente, infantilizada, “idiota” (en el término de no participar en el ágora), pierde su tiempo, entre otras actividades baladíes, –durante 4 o más horas por día, según revelan estudios– haciendo scrolling (deslizando pantallas digitales), por ejemplo, mirando cómo bailan y cocinan en Tik Tok algunas personas o, incluso más, casi sin restricciones (para desgracia de los niños, debido a una hipersexualización a tan temprana edad), mostrándose en ropa interior.

El autor, al declarar esto, no se coloca en el púlpito, dando alarmas sobre la moral y la dignidad. Más bien, se pregunta: “¿Quién es la generación idiota?” Y responde: “En verdad, no hay una generación idiota, sino una transgeneración idiota”. Pero, ¿qué significa ese neologismo?, querrá saber el lector. 

Esto dice Agustín Laje: “En el campo de la edad estamos viviendo un momento transetario porque cada vez es más difícil diferenciar a las generaciones debido a que la sociedad está obsesionada con que los niños adquieran un estado de adolescente antes de la maduración necesaria (la prueba irrefutable es la educación sexual integral, ESI).

En una transgeneración, los padres quieren parecerse a sus hijos para empatizar con ellos, lo que produce la pérdida de autoridad, como puede verse. Por eso, Laje, explica que generación idiota no se refiere necesariamente al joven. Una de las tesis del libro se refiere a que la idea de juventud y, sobre todo, de adolescencia, está presionando tanto sobre el resto de las generaciones que todas se parecen cada vez más.

Frases y citas destacadas

Capítulo I- La sociedad adolescente

“En la mayor edad son ya mayores y más levantados los pensamientos, reálzase el gusto, purifícase el ingenio, sazónase el juicio, defécase la voluntad; y al fin, hombre hecho, varón en su punto, es agradable incluso apetecible al comercio de los entendidos. Conforta con sus consejos, calienta con su eficacia, deleita con su discurso, y todo él huele a una muy viril generosidad.”

Baltazar Gracián. El discreto y Oráculo manual de prudencia.

(Barcelona: Penguin Random House, 2016), realce  XVII.

Capítulo II- La sociedad adolescente a la deriva

“El idiota moderno es tan afortunado como ingrato porque vive condiciones materiales de vida inigualables, pero elige desconocer los fundamentos históricos y culturales en los que semejantes condiciones han sido posibles. Mirándose el ombligo y nada más que él, no puede descubrir los temores del pasado.

Por lo mismo, su mirada hacia adelante no alcanza a avizorar más que el cortísimo plazo. Así, goza de un presente cuyo origen se le escapa: ni siquiera le interesa.

Por eso termina creyendo que el mundo en el que ha nacido ha surgido de la nada, como si fuera parte de la naturaleza (no de la historia).”

Capítulo III- La frivolidad del idiotismo

“Hoy la edad es la categoría social que está en la base misma de la moda. Disimular la edad se ha convertido en una función de la moda, a menudo más relevante que revestir la pertenencia a una clase social. La madre está más preocupada por parecerse a la hija que por diferenciarse de los sectores socioeconómicos inferiores. Por ello, la moda se define, sobre todo, al calor de los adolescentes y los jóvenes y de ahí emprende su difusión. El mundo adulto, otrora creador de la moda y soberano de esta, hoy cede su poder y mira hacia abajo, buscando mimetizarse con ellos.”

“Los infantes y los niños hacen lo mismo pero en sentido inverso: miran hacia arriba, hacia los adolescentes y jóvenes y se mimetizan también en lo que puedan; es entonces cuando la juventud, al saberse mirada e imitada por doquier y habiendo buscado en la moda la función de diferenciación del grupo social y su identificación más profunda renueva, otra vez, sus modas y antimodas para tratar de lograr, por enésima, vez la diferencia, en un ciclo sin fin.”

Capítulo IV– Socialización en la sociedad adolescente

“Es posible rastrear el asedio a la familia moderna por lo menos desde fines del siglo XIX y principios del XX. Christopher Lasch afrontó la monumental tarea de trazar una genealogía de la destrucción de la familia como un agenciamiento deliberado de ingeniería social: ‘La familia no evolucionó simplemente en respuesta a influencias sociales y económicas; fue deliberadamente transformada por la intervención de planificadores y políticos’. Desde luego, en el mismo desarrollo del Estado moderno, ya puede hallarse una transferencia planificada de funciones educativas.”

“El Estado necesita organizar las lealtades de las nuevas generaciones estableciendo sus propias instituciones de socialización, en detrimento de una, hacia la sociedad y el Estado.”

Capítulo V- Política en la sociedad adolescente

“La rebeldía es una fuerza potencialmente política que surge de una predisposición actitudinal a la negación. Por eso es, sobre todo, una fuerza de oposición. El rebelde se define no tanto por lo que acepta, sino, más bien, por lo que rechaza.

Más que un sí, el rebelde prefiere la palabra no. Aún más, sus síes, cuando existen, están subordinados a sus noes. Es decir, sus adhesiones resultan rebeldes solo por la inconmensurable distancia que las separa de aquello que, por la misma índole de la afirmación que se hace, se niega.”

El autor

Agustín Laje Arrigoni.

Agustín Laje Arrigoni es licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba y tiene un máster en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Es conferencista, youtuber y, además de ser el autor de Los mitos setentistas y La batalla cultural, entre otros, coescribió con Nicolás Márquez El libro negro de la nueva izquierda.