Distopía
Distopía. Foto gentileza: Paola Alonso

La obra de teatro de sombras Distopía, una coproducción argentina – brasileña, partió este miércoles rumbo a Brasil, donde continuará su proceso creativo, luego de su debut en Mendoza, donde realizó varias presentaciones.

La propuesta, dirigida por Alexandre Fávero, uno de los máximos exponentes del teatro de sombras contemporáneo en Latinoamérica, y co-creada con Pablo Longo de la compañía mendocina Pájaro Negro, rompe las expectativas habituales del público. 

En una época en la que la tecnología y las pantallas de los móviles acaparan la atención con imágenes vertiginosas y sonidos impactantes, Distopía atrapa y mantiene el interés de forma única. Sin ser inmersiva en el sentido convencional, abduce al espectador a un universo donde la sombra y la música son protagonistas indiscutidos. 

Distopía
Distopía. Foto gentileza: Paola Alonso

Durante su última presentación en Mendoza, que se llevó adelante el domingo en la Nave Cultural, la sala en penumbras vio cómo la historia se tejía a través de figuras y proyecciones, creando un efecto hipnótico en los adultos y particularmente en niños muy pequeños.

La sinopsis de la obra presenta un futuro distópico: un clan nómada que busca agua en un desierto pierde a una niña, quien es acogida en una cueva por una anciana. A través de sombras y pinturas, la niña descubre cómo la historia de su pueblo está indisolublemente ligada al recurso hídrico. La protagonista, en un acto de valentía, debe enfrentarse a las máquinas de una empresa que extrae el caudal del río, buscando restablecer el cauce natural y, con ello, recuperar a su familia.

El uso del teatro de sombras en Distopía lleva este arte a un nivel superior. Aunque Mendoza está familiarizada con la técnica a través del trabajo de Pájaro Negro, la colaboración con Alexandre Fávero y la integración de elementos innovadores como el domo escénico y tecnologías lumínicas que fueron creadas por artistas de Brasil, Argentina y Chile, aportaron una dimensión inédita. 

Distopía
Distopía. Foto gentileza: Paola Alonso

Las lámparas y las proyecciones no solo iluminan, sino que dan vida y movimiento a cada elemento, logrando que el público pueda ver, casi de forma poética, cómo los sombristas se convierten en parte de la escena y, al mismo tiempo, en niños que juegan y reinventan mundos.

Durante la última función, el silencio fue elocuente. Se pudo observar cómo los niños dejaban sus ansiedades y seguían los juegos de sombras con atención serena, absortos en la narrativa visual. 

En esta propuesta, los actores, visibles y a la vez etéreos, exhiben sus técnicas sin perder la magia; una hazaña que pocos logran sin romper el hechizo teatral. La música original de Gustavo Finkler completa la atmósfera, sumergiendo a los espectadores en una obra donde las emociones, aunque sutiles, son intensas y palpables. 

Distopía continuará su proceso en Brasil para estrenarse en versión portuguesa, y la expectativa se centra en si volverá pronto a Mendoza, para que el público que no pudo apreciarla tenga la oportunidad de disfrutar del arte de las luces y las sombras.