En Mendoza, la tarea de difusión de los discos está a cargo de Ringo, Adrián Salcedo, Cristian Aguirre, Oscar Riveros, Ángel Salomón, Ulises Reina, Carlos Sosa, el Turco Abdala, Santy Quiroga y Ángel Lucero, entre otros guerreros del audio que formaron el llamado Club del Vinilo.
En principio se reunieron en Casa Colmena, San Lorenzo 251, Capital, donde les fue muy bien. Se incorporó Adrián Salcedo, socio de Ringo, y trasladaron el proyecto a su domicilio.
En 2018, el lugar quedó chico ante la convocatoria y lo llevaron a algunos bares. La propuesta se hizo conocida y el CDV comenzó a ser convocado por algunos municipios y Cultura de la Provincia.
Ringo habla del proyecto como la comunidad del vinilo: hay feriantes, DJ y fotógrafos. Así, comenzó la llamada economía naranja porque las personas llevan sus discos para vender o canjear. Incluso, algunos (Cristian y Gastón) apostaron fuertemente y abrieron un show room (disquería) en la Peatonal Sarmiento.

La movida del CDV
El Club del Vinilo participó en muchísimos eventos, entre ellos, el organizado en Fábrica Chachingo, Maipú; el Festival del Foodtrucks; la Fiesta de la Cerveza; el Bafici, la Biblioteca San Martín y la llamada Experiencia Vinilo, este mes, en el Espacio Arizu.
Ringo comentó que Eduardo de La Puente –ex Caiga Quien Caiga– de El Club del Vinilo Buenos Aires, le dijo que Mendoza no tiene nada que envidiar de lo que se hace al respecto en La Ciudad de la Furia.
Consultado sobre cómo ha crecido el interés en chicos de entre 13 y 15 años, dijo que es por influencia de sus padres, quienes tienen una colección de vinilos en sus casas.
Canje y compra-venta
El club tiene material de todos los estilos, de origen nacional o extranjero: pop, folclore romántico, heavy metal, free jazz, rock progresivo y sinfónico, glam rock y country, entre otros. La asociación acepta el canje de material.
Valores
Dependiendo de si la edición es nacional o extranjera, nueva o usada, los precios de los discos van de $7.000 hasta $40.000.

Breve historia
La debacle (no muerte) de la industria del vinilo comenzó en los 80 con la revolución que impuso la aparición del disco compacto (CD). Este formato, totalmente digital, –las ondas sonoras se convierten a unos y ceros para que los reproductores las interpreten–, tuvo muchas ventajas: la eliminación del noise floor (ruido de fondo), la desaparición del molesto silbido (hiss) y la ausencia de clics y pops (molestos sonidos de los vinilos producto del desgaste), entre otras.
Pero este sonido sin máculas no era gratis: desaparecieron muchos armónicos y, aunque la tecnología intentó fabricarlos artificialmente, no lo logró: lo que no ingresa no puede emularse así nada más.
Los puristas del sonido –léase: quienes tenían una escucha muy entrenada en el audio analógico, (vinilos o casetes)– se quejaron pero nadie les prestó atención. Toda tecnología, sea cual fuere, tiende a desplazar a la anterior, aunque –por suerte– hay excepciones: el vinilo.

El cambio de tecnología
Así, entonces, el CD reemplazó al vinilo y al casete (este último, también analógico, no está muerto del todo). Luego, la tecnología alemana del MP3 remplazó al disco compacto y revolucionó la industria de la música, además de fomentar la piratería a gran escala.
¿Quién querría comprar música en un formato físico si se puede descargar de todos lados?
Los músicos dejaron de ganar dinero por la venta de vinilos, casetes y CD. Aparecieron reproductores pequeños, del tamaño de los, también, arcaicos pendrives: Apple lideró el mercado con los iPod (dejó de fabricarlos en 2022 porque competía con sus iPhone.
La cofradía de los amantes de los long play (larga duración les decían) mantuvo vivo el mercado, reducido, claro, lo suficiente para que no desaparecieran todas las máquinas utilizadas en el proceso de corte, limpieza, prensado, estampado, etcétera, de los vinilos.
El regreso de la magia
Así, lentamente, entre otras razones, los nostálgicos contagiaron a los desilusionados del audio digital, quienes, ignorantes de cómo suena de verdad la música, quedaron maravillados de un sonido que, aunque no inmaculado, es real.
La industria, siempre atenta con los pedidos del mercado, comprendió que era el momento de reimpulsar este formato. Así, algunos músicos lanzaron su arte simultáneamente en las plataformas de streaming y con vinilos.
Datos útiles
Instagram: @elclubdelvinilomendoza
Facebook: grupo de compra-venta El Club del Vinilo Mendoza
