En la tarde del jueves comenzó a correr el viento Zonda y hacia la noche se desató una verdadera tormenta. Mucho mendocinos que cerca de la medianoche esperaban el colectivo en las paradas del centro se mostraron precavidos frente al viento. En lugar de mirar seguido la calle para ver si llegaba el ómnibus, todos levantaban la vista cada tanto para verificar que no se cayera ninguna rama de un árbol. Es que la mayoría sentía temor de sufrir un accidente, como es común cuando corre viento Zonda. Tal como asegura el dicho: es mejor prevenir que curar.