En las primera horas de la tarde del viernes, cuando el cielo se puso negro y comenzó a llover, primero tímidamente y después como un diluvio, quedó en claro el terror que los mendocinos le tienen a la piedra. Nadie esperó a que cayera el temido granizo sino que, cuando la lluvia no amainó, los conductores comenzaron a buscar reparo en las estaciones de servicio.
La intención no sólo era poner a resguardo el vehículo sino también a las personas, porque las últimas tormentas causaron algunos heridos. El viernes a las 16, se repitió la misma imagen en las estaciones de servicio. Muchos autos amontonados bajo el tinglado para prevenir problemas con la piedra. Los previsores recién abandonaron su sitio en las estaciones cuando se dieron cuenta de que sólo caería agua.
