Es habitual que en la gastronomía surjan y desaparezcan proyectos, sobre todo, en algunos sectores del centro mendocino y en plena crisis como la actual. Pocos casos se comparan con el de un café que se encuentra sobre calle Pedro Molina y que ha sufrido tantas metamorfosis en tan poco tiempo que, incluso, la cartelería no termina de acomodarse. El comercio cambió de nombre en marzo del 2019, tras el cierre del mítico café que se ubicaba desde hace años en esa dirección. Sin embargo, al inicio de la pandemia la idea no sobrevivió. Para julio del 2020, las puertas del lugar volvieron a abrirse con otro proyecto. Pero, a un año de ese hecho, la cafetería se llama de otra forma, con un cambio tan “abrupto” que en el interior todavía se pueden encontrar letreros con los nombres anteriores.