Un famosos cuevero que suele operar en la galería Tonsa amplió su campo de acción y plantó a varios de sus arbolitos en la calle Espejo. El problema es que los comerciantes notaron que la fisonomía de la vereda cambió porque la gente ya no quiere caminar por ahí debido al acoso de los vendedores de dólares; sobre todo,
por la cantidad de barbaridades que les dicen a las mujeres. Le advirtieron de esta situación a los inspectores municipales, pero, al parecer, nadie quiere hacerse cargo.