No quedan dudas de que el cemento logró transformarse en el material más importante de la construcción moderna, gracias a su practicidad y costo accesible. Por eso, un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge, está buscando una forma de reciclarlo con el objetivo de reducir su impacto ambiental.
Con un consumo anual de aproximadamente cuatro mil millones de toneladas de hormigón en todo el mundo, este material ocupa el segundo lugar en el uso global, solo detrás del agua. Sin embargo, el impacto ambiental del cemento es alarmante, ya que es responsable del 90% de las emisiones de carbono (CO₂) derivadas del hormigón.
El problema radica en el proceso de fabricación del cemento, que emite grandes cantidades de CO₂. Cyrille Dunant, uno de los profesionales que trabaja en el proyecto , explicó que esto ocurre principalmente por dos razones: la quema de combustibles fósiles, como carbón o gas, para generar el calor necesario, y la descomposición de la piedra caliza, que libera CO₂ durante su transformación en cal.

A pesar de que el cemento en sí mismo no es un material altamente contaminante, su producción a gran escala contribuye significativamente a la huella de carbono de la industria de la construcción. De hecho, en las últimas cuatro décadas, la producción de cemento se triplicó, aumentando su impacto ambiental.
Una encuesta realizada por la red de profesionales en infraestructura RICS revela que los edificios son responsables del 40% de las emisiones globales, lo que ha llevado a la búsqueda de alternativas sostenibles.
Iniciativas como la desarrollada por la empresa Sacyr, que ha creado un hormigón utilizando residuos de vidrio, son pasos hacia la sostenibilidad, permitiendo reducir entre un 10% y un 20% la cantidad de cemento en la mezcla. Sin embargo, el hormigón Portland, el estándar de la industria, sigue predominando.
El reciclaje como solución
El equipo de investigación de la Universidad de Cambridge está trabajando en un innovador método que combina el reciclaje de cemento con el del acero, sin requerir maquinaria adicional.
Dunant explica que, a diferencia del cemento, el acero es conductor de electricidad, lo que permite utilizar el mismo horno eléctrico para ambos procesos. Este enfoque no solo busca reducir las emisiones, sino también dar una nueva vida a materiales que, de otro modo, terminarían en vertederos.
El proceso implica la fusión del acero junto con cemento y una pequeña cantidad de cal, que se utiliza para eliminar impurezas, y el resultado es una mezcla de escoria que, al ser tratada, se convierte en cemento nuevo.

Esta innovación representa un avance significativo, ya que simplifica la separación del cemento de otros componentes del hormigón, un proceso que históricamente ha requerido mucha energía y suele limitar el reciclaje del cemento.
A medida que la investigación avanza, el equipo de la Universidad de Cambridge colabora con empresas de la cadena de suministro del hormigón, como la española Celsa, para poner en práctica esta tecnología a escala industrial. Esta colaboración busca demostrar que el reciclaje de cemento es una opción viable y efectiva en la lucha contra el cambio climático.
La necesidad de alternativas sostenibles
Desde la invención del cemento Portland en el siglo XIX, este material ha sido un pilar de la construcción moderna. Sin embargo, la creciente preocupación por el medio ambiente ha puesto de relieve la necesidad urgente de desarrollar métodos de reciclaje y alternativas sostenibles.
En la Unión Europea ya ha establecido penalizaciones por el vertido de residuos de hormigón en vertederos, lo que obliga a los países a buscar soluciones para la gestión de este material.
Dado que el cemento es irremplazable en la actualidad, la investigación sobre su reciclaje es crucial para minimizar su impacto. Con proyectos innovadores como el de la Universidad de Cambridge, se espera que el reciclaje de cemento no solo se convierta en una realidad, sino que también impulse a la industria de la construcción hacia un futuro más sostenible.
Fuente: con información del El País.
