Sergio y Maximiliano Serrano, dos integrantes de una familia de 11 hermanos con fuerte presencia en Godoy Cruz, fueron condenados este martes por una serie de hechos de amenazas agravadas y abuso de armas que se originaron durante uno de los períodos de mayor violencia en el Campo Papa.
Ambos reconocieron su responsabilidad en cinco causas y acordaron las penas mediante un juicio abreviado con el fiscal de Homicidios Oscar Malla, que luego fue homologado por la jueza Carolina Colucci.
Maximiliano Serrano recibió dos años y ocho meses de prisión efectiva, mientras que Sergio fue condenado a dos años y seis meses efectivos, con declaración de reincidencia. Por el tiempo que lleva detenido, este último se encuentra próximo a recuperar la libertad. Esto podría ocurrir en los próximos días.
Detrás de esas penas hay una trama bastante más compleja que la que surge de los delitos finalmente reconocidos en el abreviado. Maximiliano figuró como sospechoso en expedientes por homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa, además de investigaciones por coacciones y amenazas agravadas mediante armas. Una de las acusaciones describía incluso un intento de obligar a una persona a abandonar su domicilio.
El contexto fue clave para entender por qué aquellas causas resultaron difíciles de resolver. Los episodios ocurrieron mientras distintas bandas mantenían una disputa por territorio en el Campo Papa y sectores cercanos. Los testigos poco ayudaron a la hora de resolver los expedientes. El contexto era más que complejo.
Las denuncias por amenazas y los ataques con armas se cruzaron con investigaciones por homicidios y tentativas, y algunos expedientes terminaron acumulados o cambiaron de fiscalía por cuestiones de competencia. En el caso de Maximiliano, incluso aparecieron antecedentes anteriores por robos agravados, robo simple, hurto y atentado contra la autoridad.
La dimensión de esa guerra quedó expuesta el 12 de marzo del 2024, cuando más de 800 policías participaron de un operativo que incluyó decenas de allanamientos en el popular asentamiento y otros sectores del oeste de Godoy Cruz.
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Aquella jornada no fue una intervención aislada, tal como reveló este diario: fue el resultado de meses de investigaciones sobre los grupos que protagonizaban los enfrentamientos, con expedientes que reunían homicidios, tentativas, abusos de armas y amenazas. Los Serrano quedaron alcanzados por varias de esas medidas y sus detenciones quedaron asentadas ese día en diferentes actuaciones.
En el caso de Maximiliano, los registros de aquella investigación evidenciaron la amplitud de las acusaciones que llegaron a rodearlo: además de las coacciones agravadas por el uso de armas y por el propósito de expulsar a una persona de su casa, figuraban sospechas por homicidio agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa y una por amenazas en concurso con una tentativa de homicidio.
Los hermanos forman parte de una familia numerosa que quedó atravesada por distintos episodios de la crónica policial del oeste de Godoy Cruz. Son 11 hermanos, hombres y mujeres, con integrantes vinculados al asentamiento y otros con base en el barrio La Gloria.
Asesinato, amenazas y tiroteos: los delitos que confesó el “Colo” y la condena a 12 años de cárcel
Brian Carlos Serrano, más conocido en el oeste de Godoy Cruz como el Colo, ganó notoriedad allá por abril de 2021, cuando policías de Investigaciones lo capturaron como principal sospechoso del crimen de Jonathan Iván Montecino (32), quien fue ultimado a…
Entre ellos está Brian Carlos Serrano, conocido como el Colo, quien terminó condenado a 12 años de prisión luego de reconocer su participación en siete de los ocho expedientes que tenía abiertos, entre ellos el homicidio de Jonathan Iván Montecino, una familia que también ha perdido a varios hermanos en hechos de sangre.
El caso del Colo también muestra cómo las investigaciones sobre esta familia fueron avanzando con el paso de los años. En el 2021 había sido detenido como sospechoso del crimen de Montecino, pero recuperó la libertad después de una rueda de reconocimiento negativa.
La causa permaneció durante años sin una resolución definitiva hasta que la posterior guerra de bandas en el Campo Papa volvió a ponerlo bajo la lupa y terminó admitiendo su responsabilidad mediante un juicio abreviado.
