Argentina ha decidido a través de las urnas encarar un camino a través de un proyecto político por los siguientes cuatro años. Fue la elección de la mayoría, impulsada por el afán de un cambio decisivo, a pesar de la incertidumbre que se generó durante la campaña. No se sabe todavía –porque la nueva gestión recién asumirá el 10 de diciembre– hacia dónde llevará ese camino, aunque el presidente electo ha dado señales concretas: no será un pasaje fácil, sino con ciertas exigencias. Con todo, la esperanza de algo distinto quedó reflejada y, con ello, también sobrevinieron los gestos de los aparatos que se han alimentado durante años de la asistencia social para beneficiar a la política, concretamente.
Hay advertencias claras de desestabilización por parte de agrupaciones políticas, cuando todavía no hay ni una política concreta. También ahí está en juego la democracia, porque van a contramano de lo que se votó. No se puede jugar con la esperanza de los argentinos.
