En Argentina, lo que predomina es la especulación y el apriete.

La economía se mueve entre estos dos vectores que fuerzan la dinámica del mercado.

No es una abstracción: falta nafta, se generan cuadras y cuadras de cola, hay fastidio de la gente y, entonces, recién ahí un gobierno actúa y mete presión con controles y restricciones; entonces, logra sentarse a discutir las condiciones con las empresas.

Pasa en más de un área de la economía nacional donde, principalmente, por iniciativa del mismo Ejecutivo, los precios se congelaron, las compañías pierden plata y el mercado internacional, que tiene otro movimiento, exige más combustible que paga en dólares.

Un círculo vicioso, entonces, es el que entorpece y pone a este país de cabeza, en el peor de los contextos, a tres semanas de unas elecciones que definirán quién será el conductor de la administración.

Es casi una patología perversa la que domina el tire y afloje, con puntos hasta de delirio, como el paro de gremios petroleros afines a una gestión que paralizan la producción porque, justo cuando falta combustible, deciden apoyar las iniciativas de un candidato.

No se entiende o, por el contrario, esto es lo que hay que realmente entender.

No vamos para atrás ni para adelante.