La irrupción de Javier Milei en el escenario político argentino ha tenido el efecto de quien patea un hormiguero. Que está loco; que es un desquiciado; que se trata de un simple –nada más y nada menos–, anarcocapitalista; un antisistema; un disruptivo. Desde aquellas apariciones nocturnas en la televisión nacional, donde los panelistas más enfervorizados e histriónicos eran los que ganaban terreno, hasta su llegada al Parlamento, sorteando entre sus seguidores o no su dieta de legislador; sus conferencias económicas multitudinarias, rodeado de jóvenes que han sido la envidia de cualquier político del establishment tradicional, pasando por la presentación de una sorprendente plataforma electoral con planteos nunca antes realizados o circunscriptos a discursos marginales de la política nacional, hasta su inesperado o “no visto” triunfo en las PASO, ha configurado un nuevo orden a lo conocido.
Desde el domingo 13, sus dos contrincantes más importantes en la lucha por la Presidencia, Patricia Bullrich de Juntos por el Cambio y Sergio Massa por el oficialismo, bailan su música. En los medios sucede lo mismo en el análisis de una actualidad que está regida por la marcha de la economía, por el fracaso constante del Gobierno en eso de estabilizar o tranquilizar la situación general, domar la inflación y controlar el tipo de cambio entre las variables más sensibles que manejan el motor general del país. Para todo eso hay una “respuesta Milei”, o pareciera que la hubiese. Ya sin mayores esfuerzos ni campaña de posicionamiento, desde ese domingo hay un Milei para todo, marginando, por supuesto, a sus rivales, que han quedado disminuidos a un producto de calidad inferior, no preferible, sin que necesariamente sean eso, desde ya. Pero así parece estar siendo concebido y visto por una voluntad popular mayoritaria que las encuestas –otra vez las encuestas, pese a sus equívocos y análisis fallidos–, han vuelto a ratificar desde el primer minuto de conocido el resultado electoral.
Como si todo esto fuese poco, Milei ha copado en el arranque de la semana, además, buena parte de los programas de espectáculos y chismes con el ahora conocido y sorprendente, una vez más, noviazgo con la humorista Fátima Florez.
El análisis político general, conducido por “agenda Milei”, ahora ha comenzado a moverse por el lado de la conformación de una posible nueva oposición si es que el libertario se convierte en presidente, por supuesto; y también de una nueva oposición, quizás conducida por él mismo en caso de que no llegue a la Presidencia, pero, según si se mete en la discusión por el balotaje o por cómo quedaría fuera del mismo según la cantidad de votos que consiga en la elección en octubre.
Pero no sólo eso. La especulación apunta a un poder inédito en el país con un Milei presidente, particularmente, por la configuración de un Parlamento que seguramente no manejará ni controlará y que, probablemente, se le presente como un enigma, porque crece el misterio frente a un Milei presidente que necesitará del Congreso para llevar adelante sus reformas y modificaciones. Frente a un Senado y Cámara de Diputados esquivos, Milei ha dicho que apelará a las consultas populares o al referéndum, un mecanismo que en Argentina sólo ha sido utilizado rara vez en la historia. Toda una incógnita cada vez más voluminosa. ¿Apelará a los DNU?, ¿qué hará con los límites de esa herramienta y cómo justificará su uso?, ¿buscará entonces explorar acuerdos con la “casta” que tanto ha condenado y vapuleado?, ¿o acaso no será que tiene en mente suspender la actividad del Congreso? ¿Cuánto de todo esto podrá ser tolerado por la política, por las corporaciones y por la ciudadanía en verdad?
Lo último que se ha levantado como dudas y sospechas es si lo que está proponiendo Milei en su plataforma es, en cierta medida, constitucional. Hay un interesante debate entre los constitucionalistas, que observan que las demandas populares que Milei bien pudo haber visto y que lo condujeron a una inesperada victoria en las PASO impulsándolas como ideas y nuevas medidas, en verdad son compatibles con la Constitución o no lo son.
Lo cierto es que una rápida lectura de la plataforma de Milei incluye reformas, restructuraciones y transformaciones de todo tipo, de primera, segunda y tercera generación o etapas, de acuerdo con lo que está escrito en el documento. Y la mayoría de ellas están sujetas a cambio de leyes o nuevas leyes y otras, como ha comenzado a ser analizado por los constitucionalistas, de una reforma constitucional. Por eso se duda la gobernabilidad en un país a cuyo frente se encuentra un presidente votado por la mayoría popular, pero sin legisladores en el Parlamento, o con una ínfima minoría que podría responderle.
Milei propone varias reformas. Por caso, una laboral, empezando por la eliminación de la indemnización y su reemplazo por un seguro; la eliminación de las cargas patronales; la reducción de los impuestos al trabajador y retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas y revisión de los contratos de locación en el ámbito del empleo público.
También adelanta que fusionará los ministerios de Desarrollo Social, Salud y Educación; que cambiará el sistema educativo del país, subsidiando la demanda por la vía de vouchers o cheques educativos; que la ESI dejará de ser obligatoria; que modificará el Estatuto del Docente incorporando, entre otras cosas, la facultad de despido de los trabajadores.
A todo esto, se le suma la privatización de las empresas públicas deficitarias; la conocida eliminación del Banco Central (en una tercera etapa); la libre circulación de monedas (dolarización) y la eliminación de las retenciones más una reforma impositiva amplia.
También propone cambios en la salud pública, tales como una reforma integral al sistema; un seguro universal y la decisión de que los extranjeros paguen por los servicios de salud que reciben en el país
Y, en materia de seguridad, Milei impulsa un cambio de paradigma, profundo. Ha dicho que irá por una nueva doctrina de seguridad nacional, con un nuevo marco –así lo llama– que cambie lo que se conoce como el Sistema de Defensa Nacional, Seguridad Interior e Inteligencia Nacional por un sistema de seguridad nacional con subsistemas, de interior y exterior, lo que supone los “instrumentos militares y no militares” en la seguridad interior y en la inteligencia nacional.
