Así golpearon al ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni. Foto: diario Clarín.

No puede entenderse de otra manera el ataque que sufrió el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires sino como un golpe de realidad para la clase política.

El crimen en el conurbano expone no sólo lo grave que es la convivencia con el delito, también pone en evidencia de manera brutal el hartazgo de una buena parte de la sociedad respecto de la inseguridad, así como también las respuestas de la dirigencia con responsabilidad institucional en el Ejecutivo.

El golpe a Sergio Berni es, indirectamente, un piñazo al circo que no ofrece garantías para que una persona que sale a trabajar sepa que puede volver a su casa sana y salva. Rosario lo evidencia de la peor manera, con crímenes de personas que no tienen nada que ver con el narcotráfico y que hasta son utilizadas por las bandas para dejar mensajes de sangre. Mendoza no es ajena a esta situación.

El homicidio del joven que pretendía comprar una moto y terminó ultimado en una trampa también deja a las claras que si hubiera una regulación de estas nuevas prácticas de consumo, de compra y venta marginal, tal vez las condiciones para cometer robos serían menores. Pero no. Las diferencias políticas siempre se imponen por sobre lo que resulta mejor para la ciudadanía. Un vecino de La Favorita lo exponía mejor en una protesta: se ha perdido la libertad del espacio público, la seguridad de transitar sin la angustia de que algo pueda pasarnos.