Juan Mauricio Villanueva era fletero, tenía 55 años y el 19 de abril se transformó en una víctima más de la inseguridad en Mendoza. Dos malvivientes lo abordaron en la puerta de su casa de calle Gutemberg, en Guaymallén, y uno le disparó a corta distancia para robarle su camioneta Nissan, su herramienta de trabajo. 

El caso generó un fuerte impacto en la provincia y dejó puntos para el análisis: desde trabajos investigativos de calle, publicación de videos, ofrecimiento de una recompensa y hasta una efectivo policial que hizo un polémico pedido para obtener el dinero.

En detalle

Villanueva agonizó nueve días y murió en el Hospital Central. Un solo proyectil calibre 32 terminó con su vida. Antes de morir alcanzó a describir a los pesquisas y algunos testigos que intentaron ayudarlo, una característica física del delincuente que le disparó: un tatuaje con forma de estrella en el pómulo izquierdo. 

La causa tuvo dos detenidos este lunes por la noche. Personal de Investigaciones, de la División Homicidios, trabajaron en busca de pruebas y las encontraron contra Gabriel Alejandro Romero Brasil (37) y Marcelo Gastón Mendoza Carrizo (32).

Ver también: Reincidentes seriales: la lista de antecedentes de los detenidos por el crimen del fletero

Trascendieron videos de los agresores y el Ministerio de Seguridad ofreció una recompensa de 700.000 pesos destinada a aquellas personas que aporten datos certeros que lleven a la captura de los homicidas, pruebas fundamentales para intentar esclarecer el hecho. 

Ver también: La peligrosa relación entre los acusados de matar al fletero en Guaymallén

Mientras la instrucción crecía en la fiscalía de Homicidios, antes de las detenciones de este lunes, trascendió la semana pasada que fueron aprehendidos dos jóvenes en el Hospital El Sauce de Guaymallén, luego de que una mujer policía que realizaba servicios extraordinarios los observara en el lugar y concluyera que presentaban similares características a los que se veían en las imágenes captadas por las cámaras de seguridad difundidas; potenciado porque uno de ellos presentaba un tatuaje en el rostro, tal como había aportado la víctima. 

La situación generó un rápido despliegue policial y judicial, ya que podría tratarse de los buscados, pero, rápidamente, se desactivó porque no eran los autores del atraco fatal. Nada tenían que ver.

Pero no todo quedó allí: mientras los detectives efectuaban trabajos correspondientes de identificación de personas, la uniformada, con destino en la Comisaría Novena de Guaymallén, llamó a uno de los teléfonos aportados por la cartera de calle Salta y reclamó la recompensa ofrecida. 

Este accionar generó malestar en las autoridades policiales y también en el Ministerio Público, debido a que ese dinero no está destinado a los miembros de la fuerza.

Básicamente, entre algunas de sus funciones básicas como empleados del Estado, los policías tienen la misión de atrapar delincuentes y ponerlos a disposición de la autoridad competente, sin que esto les signifique un ingreso monetario extra. 

“Creemos que pecó más de ingenua que de otra cosa”, contó un investigador con años de experiencia consultado por El Sol

Lo cierto es que la comunicación que realizó la uniformada para reclamar los 700.000 pesos después de haber aprehendido a dos sujetos que nada tenían que ver con el hecho de sangre no cayó para nada bien en el Ministerio de Seguridad y se analizaba la posibilidad de imponerle algún tipo de sanción o llamado de atención. 

La uniformada, de unos 35 años, no tiene buen concepto en la fuerza y el caso se encuentra en proceso de análisis en la dependencia. 

Los últimos días

Juan Mauricio Villanueva murió en la tarde del martes 19 de este mes, luego de ser baleado nueve días antes de la puerta de su casa de calle Gutemberg, en Guaymallén.

Llegaba con su madre en su camioneta Nissan gris luego de haber participado en una misa y un par de malvivientes lo abordaron con fines de robo. 

Tiraron a la mujer de 82 años del vehículo y tomaron el control del volante mientras Villanueva intentaba ingresar al domicilio. Arrancaron y el fletero creyó que su madre todavía se encontraba en el rodado, por lo que se subió a la cajuela. 

Esta resistencia provocó que uno de los asaltantes –de acuerdo con la instrucción que lidera la fiscal de Homicidios Claudia Ríos, sería Gabriel Romero– accionó el arma que portaba y disparó una vez. El proyectil ingresó por uno de los brazos de la víctima y se incrustó en el tórax. 

Villanueva fue dejado herido por los malvivientes en una plaza y se dieron a la fuga. El fletero fue llevado al Hospital Central y alcanzó a hablar con los investigadores.

Aportó datos de importancia y a las pocas horas entró en coma. El proyectil le causó graves lesiones internas y dejó de existir a las 19 del día citado.