De los 5.000 millones de pesos que la Provincia destinó con fondos de origen propio para obra pública en el 2021, a noviembre se había ejecutado un 45 por ciento. Para el 2022, el gobernador Rodolfo Suarez ha ordenado gastar 11.000 millones de pesos de las rentas provinciales, duplicando lo del año que se va. Pero, sumando la totalidad de los recursos disponibles y posibles, los de origen nacional como otros de programas especiales, y los que vienen de financiamientos provistos por la banca de fomento, serán casi 27.500 millones de pesos los que irán a obras para lo que viene, un poco más del 8 por ciento de un presupuesto general aprobado de 330.000 millones de pesos.
El objetivo de mejorar y superar lo invertido, presupuestado y ejecutado en materia de obra pública, más que un compromiso o promesa de campaña, ya comienza a convertirse en una obligación a cumplir sin dilaciones para el Gobierno provincial, cuando arranca la segunda parte de la gestión teniendo por delante su puesta en juego para el clave y crucial 2023.
Cuando llegó a la Gobernación, Suarez lo hizo generando y alimentando –como es natural–, altas expectativas de mejoras en el ámbito de la economía que le proporcionaran un mejor pasar a los mendocinos. Más trabajo, más actividad, más reactivación en todo sentido. Era lo que pedía la hora, luego de que quien dejara el Ejecutivo, Alfredo Cornejo, lo hiciera ordenando en buena medida el gasto y la distribución de los recursos.
Lo que venía y se suponía que debía ser así, era un camino ascendente en cuanto las realizaciones y concreciones. En la campaña, Suarez no rehuyó el debate en ese sentido. Cada vez que se lo consultó, el actual gobernador, por entonces candidato, remarcaba dos cosas claras y las destacaba: dijo que priorizaría la explotación de Vaca Muerta por sobre todo y que intentaría mejorar los niveles de inversión en obra pública. “En el último año de Cornejo se invirtió un 11 por ciento del presupuesto en obras, voy a intentar mejorar esa cifra”, dijo Suarez, a tres días de las elecciones que ganaría y que lo conducirían a ocupar el sillón que hoy ostenta. Fue en el debate de los candidatos que organizó Canal 9.
Suarez tenía en mente replicar el modelo que había heredado en la Capital de Víctor Fayad y que defendió y representó. En aquel debate decisorio, el gobernador les enrostró a sus rivales y les enfatizó a los mendocinos que su municipio, el más rico de todos, venía de invertir el 38 por ciento del presupuesto en obras.
Cuando al peronismo se le terminó el efecto de poner en relieve el asunto del endeudamiento provincial, como una de las malas decisiones y políticas asumidas por Cornejo cuando gobernó entre el 2015 y el 2019, le apuntó a la obra pública y los magros porcentajes de ejecución que ha tenido en los últimos dos años la provincia. El oficialismo, como es de suponer, ha explicado que la pandemia trastocó todos los planes, lo que en parte es cierto, como lo ha sido en todas las administraciones de gobierno y en la Nación también. Pero, si la Provincia tuviese que afrontar no uno, sino dos o tres años más la continuidad de la pandemia, aquel argumento pierde efecto y peso propio. Si el COVID llegó para quedarse un buen tiempo más, Suarez tendrá que encontrarle una vuelta y una salida a la situación para defender su paso por la Gobernación y dejar el poder en manos de otro representante de la coalición de gobierno.
El desarrollo de Vaca Muerta es, al menos por ahora, una quimera. Se trata de la lengua mendocina de la famosa formación neuquina. Y, precisamente, en Neuquén más que en Mendoza es donde YPF destina la totalidad de sus recursos para inversión. El año entrante, el Gobierno tendrá más encaminado ese polo logístico en lo que pretende convertir el yacimiento de sales de potasio que transfirió la brasileña Vale a la Provincia. El 2022 será el año en que se identifique, probablemente, al socio estratégico y con recursos que necesita la Provincia para explotar todo ese potencial. Y con él en funcionamiento, la intención es ofrecer las instalaciones que hasta incluyen una pista de aterrizaje para que las petroleras se vean atraídas, se instalen ahí y vean con más interés la parte mendocina de Vaca Muerta.
Pero, antes de todo eso, en planes, obviamente, Suarez está obligado a mostrar hechos y un camino concreto y palpable de inversiones y de generación de riqueza. La obra pública, la economía del conocimiento y lo que está previsto comenzar a hacer con Portezuelo del Viento configuran ese menú de salida y posible tabla de salvación mirando más que nada al 2023.
Si todo le sale bien, al menos lo presupuestado y aprobado, el Gobierno deberá gastar, como inversión y movilización de la construcción por la vía de los recursos públicos, unos 1.500 millones en ampliaciones y refacciones hospitalarias junto con la remodelación de centros de salud. Promete incrementar en 64 por ciento la inversión en infraestructura educativa; 10.000 millones de pesos en 2.660 nuevas viviendas y, dice, más de 5.000 intervenciones habitacionales. Otros 10.000 millones en mejoramiento de la red vial y en infraestructura en agua y saneamiento, y comenzar, al menos, la ampliación del Metrotranvía hasta el Aeropuerto internacional.
