Mariana Daniela Alastra Hernández y Gimena Ayelén Barroso Toledo son mujeres consideradas peligrosas por detectives que desarrollan tareas de lucha contra el narcotráfico en la provincia.
Ambas tienen muchas cosas en común: fueron detenidas por venta de estupefacientes en prodecimientos diferentes el año pasado y condenadas recientemente a pasar varios años de encierro en la Justicia federal.
Alastra Hernández y Barroso Toledo fueron a juicio y recibieron 4 años de cárcel y la multa correspondiente. Una fue capturada en Godoy Cruz y la otra, en Las Heras.
Para los sabuesos consultados por El Sol, “no paraban de vender las sustancias ilegales o transportarlas, aunque una de ellas pasaba sus días con prisión en la casa por otro hecho”.
En los últimos años, la presencia femenina en los casos de venta de cocaína y marihuana, principalmente, se acrecentó por dos motivos fundamentales: para los investigadores de narcocriminalidad, muchas veces son utilizadas para que lleven los cargamentos de un lado a otro a cambio de unos pocos pesos –las llamadas mulas– y si son atrapadas, acceden más rápido a beneficios que las dejan fuera de la cárcel, algo que les conviene tanto a ellas como a los dueños de los estupefacientes.
Casos testigo
El doble apellido Barroso Toledo viene siendo noticia desde hace años por diversos hechos delictivos. Y, Gimena Ayelén fue una de las primeras en ganar “popularidad” cuando escapó con otra rea del Registro Abierto de Mujeres (RAM) de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf) en julio del 2011.
Por aquellos días, tenía 21 años y se encontraba encerrada por robo. Pero, la vida delictiva de esta mujer nacida el 11 de marzo de 1990 no terminó con esa fuga. Volvió a la prisión de mujeres y luego la detuvieron por otros hechos.

El último, de acuerdo con sus antecedentes, el 14 de mayo del año pasado, cuando la detectaron comercializando drogas en una casa de un loteo del pasaje Romera, en Las Heras, mientras estaba con detención domiciliaria.
En ese lugar, una de sus hermanas, Yésica Angélica Barroso Toledo, nacida el 25 de setiembre de 1981 y con antecedentes por robo, hurto y drogas, también fue capturada en julio del 2017 por los efectivos de la Policía contra el Narcotráfico.
Ver también: No aparecen las condenadas por robo que escaparon de la Dinaf
Lo cierto es que Gimena Ayelén fue a juicio oral hace pocos días con otra hermana, Mayra Alejandra Chicho Barroso Toledo, y un primo, y terminó condenada por la jueza María Paula Marisi, del Tribunal Oral Federal Nº1, a 4 años de cárcel más multa de 162.000 pesos en calidad de autora de comercio de estupefacientes.
Le declararon la reincidencia por otro fallo condenatorio que tenía y deberá pasar un buen tiempo en situación de encierro.
Por su parte, la Chicho, quien también ganó trascendencia mediática cuando le declararon la responsabilidad penal por perpetrar un homicidio con su hermano –Omar Gordo Lilo Barroso Toledo– siendo menor de edad el 4 de octubre del 2009 en Godoy Cruz y después por ser condenada en el 2016 por venta de drogas en los monoblocks del barrio Alto Mendoza II de Ciudad, terminó absuelta por falta de pruebas, al igual que su primo.
Los hermanos Barroso Toledo “vienen cometiendo delitos desde hace muchos años. Tienen como modo de vida el comercio de drogas y no paran”, señalaron fuentes policiales a este diario.
Similar
Otro de los casos que comentaron los pesquisas también tuvo una condena este mes en el Tribunal Oral Federal Nº1 de Mendoza.
Fue el juez Waldo Alejandro Piña el que sentenció a Mariana Daniela Alastra, detenida el 21 de junio del año pasado por los efectivos de la División Especial Conjunta de Control y Búsqueda de Prófugos, de Investigaciones, con una mochila repleta de estupefacientes.
Esta mujer también se encontraba en la mira de los sabuesos policiales desde hacía tiempo porque la habían identificado como “mula y vendedora” de drogas porque se movilizaba de un barrio a otro.
Es más, hasta la vincularon con integrantes de la banda que supo liderar en el oeste godoicruceño Sandra Jaquelina Vargas (44), la Yaqui.
Los policías de Investigaciones iniciaron los trabajos de seguimiento y la detectaron transportando la droga en las inmediaciones de los barrios Campo Papa y La Esperanza I.
Alastra se movilizaba en una bicicleta verde fluorescente y un sobrino en otra. Así fue como, luego de detectarla y darle la voz de “alto, policía”, les frenaron la marcha al joven y a la mujer.
Esta última era quien tenía una mochila marca Adidas. En un principio, según declararon los policías que participaron en el procedimiento, Alastra ofreció resistencia.
Sin embargo, no tuvo otra alternativa que resignarse. Le quitaron el bolso y lo revisaron. En su interior encontraron una importante cantidad de marihuana fraccionada: 100 cigarrillos (fasos) y 19 envoltorios en bolsas de nailon listos para la venta y con un peso total de 229 gramos.
Además, transportaba dinero en efectivo en billetes de distinta denominación: dos de 1.000 pesos, uno de 100 pesos, otro de 50, uno de 10 y uno de 5. En el juicio, una de las efectivos que participó en la detención contó que cruzó algunas palabras con Alastra, y esta terminó reconociendo que llevaba drogas.
Le dijo que sabía que lo que hacía estaba mal pero que lo hacía por sus hijos.
Después del análisis de la prueba, el juez Piña la halló culpable y la condenó a 4 años de cárcel más multa de 162.000 pesos, la misma pena que recibió Barroso Toledo, la otra mujer que “tenía como medio de vida la venta de drogas”.
