Seguramente, habrá muchas interpretaciones y versiones sobre la reunión que mantuvieron en estas tierras los presidentes de Argentina y Chile. Los medios nacionales reflejarán que la relación no atraviesa un gran momento y que la reunión entre ambos mandatarios fue un tanto áspera y se notó, sin dudas, a la hora de los discursos, por la actitud que mantuvieron ambos jefes de Estado sobre el escenario montado en la bodega maipucina.

    Sin embargo, más allá de las rispideces, lo que se puede ver desde aquí es que la relación salió fortalecida. El hecho de avanzar fuertemente en la integración territorial y comercial con el Trasandino y el Pehuenche y la comprensión de que hay temas que resolver, pero que la unidad es más fuerte muestran que la superación de obstáculos es el mejor camino para fortalecer la hermandad. Pero, además, si hay alguien que se ha visto beneficiado con el encuentro de ayer es, indudablemente, Mendoza. La provincia adquiere cada vez más el estatus de interlocutor obligado para la política, para los negocios o la cultura, cada vez que Argentina y Chile necesitan establecer puentes. Hemos ganado un lugar de privilegio que deberíamos potenciar y explotar sin mezquindades.