Abundantes notas periodísticas y artículos de opinión de dirigentes políticos se han referido, hace unos días, a la caída del gobierno de De la Rúa, al cumplirse cinco años de aquella fecha. El divorcio de los partidos que integraban la alianza gobernante, la falta de energía y carácter del ex presidente y los desencuentros en el propio radicalismo aparecen como el común denominador de todos los análisis divulgados.

     Lo cierto es que aquel gobierno fracasó en el intento de sacar al país de la crisis en la que se encontraba, crisis que no siempre es recordada a la hora de hacer el diagnóstico de aquel tiempo. Al asumir la Alianza, la desocupación alcanzaba 18%, la recesión hacía tres años que se exteriorizaba en la persistente caída del PBI y la deuda externa había llegado a 145.000 millones de dólares. Más grave aún, el gobierno de Menem había vendido todos los activos disponibles.

    Prueba de ello es que vendió, en marzo del 99, 20% de las acciones de YPF que el Estado había retenido, en la mísera suma de 3.000 millones de pesos. “Un peso, un dólar”, que había sido llevado al altar Con el firme objetivo de concientizar y continuar trabajando en la problemática ambiental dentro de los ecosistemas urbanos, la Comisión para la Preservación y el Mejoramiento del Ambiente de la Municipalidad de Guaymallén realizó un seminario informativo sobre el tratamiento de pilas y residuos plásticos. por los economistas del país, se había convertido en un cepo que impedía hacer crecer nuestra economía. El imperativo era salir de ella, con todas las dificultades que eso significaba, teniendo en cuenta que tanto la deuda interna como la deuda externa estaban determinadas por la moneda estadounidense. La abrumadora mayoría de los contratos entre particulares también estaba convenida en dólares. Pese a ello, salir de la convertibilidad sólo tenía tibios respaldos.

    Hoy hay una amnesia colectiva respecto de lo que opinaban los economistas en aquellos fatídicos años 2000 y 2001. La realidad de aquellos días es que los economistas de mayor exposición pública se mostraban renuentes a analizar toda forma de devaluación por temor a un estallido del sistema. Basta repasar los diarios de aquella época para encontrarse opiniones que defendían sin titubeos la convertibilidad.

    López Murphy, Redrado –actual presidente del Banco Central–, Broda, Remes Lenicov, Melconian y Aleman son sólo algunos ejemplos de una opinión predominante, a la que nadie se refiere en la catarata de opiniones publicada en estos días. En la oportunidad fueron expuestos resultados como los del Programa Piloto de Gestión Transitoria para Residuos de Pilas y Baterías que, en su instancia departamental, ha logrado, a través de sus 112 puntos estratégicos, reunir hasta el momento 47.000 unidades, entre pilas y baterías en desuso.