A los 37 años, Roger Federer sigue dando lugar a situaciones que lo ubican en el lugar de una leyenda y que el tiempo no le pesa. 

Es lo que sucedió en el partido que le ganó a Nick Kyrgios en la tercera ronda del US Open. El australiano devolvió una pelota que sería difícil de devolver y parecía que tenía el punto ganado. 

Pero no, enfrente estaba Roger, que le regaló una emoción al público y al mismo Kyrgios, que no podía creer cómo el sueco había logrado llegar a una pelota complicadísima y, encima, ganarle un punto.

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