Tras el accidente nuclear de Chernóbil, en la Unión Soviética (actual Ucrania), casi toda forma de vida desapareció. Pero sí que hubo organismos que resistieron. En concreto, un grupo de hongos que se alimentaban de radiación.

Los científicos han documentado la existencia de 200 especies de 98 géneros de hongos bajo las ruinas de la antigua central nuclear. El trabajo, publicado en la revista de la US National Library of Medicine, revela que los llamados hongos negros se alimentan de la radiación y se están fortaleciendo.

Contienen melanina, el pigmento de la piel humana que nos protege de la radiación ultravioleta, que permite convertir la radiación gamma en energía química para el crecimiento.

Hongos presentes en Chernóbil como el Cladosporium sphaerospermum, el Cryptococcus neoformans o la dermatitis Wangiella son capaces de resistir la radiación ionizante 500 veces más alta que los niveles de fondo, y crecen más rápido en presencia de radiación.

De hecho, y para aprender más sobre estos hongos amantes de la radiación de Chernobyl, una investigación de 2006 de la NASA envió ocho especies recolectadas del área a la Estación Espacial Internacional (EEI). La idea era observar cómo reaccionarían los organismos.

El entorno de la EEI expone a los habitantes a entre 40 y 80 veces más radiación que en la Tierra, y esperaban que los hongos produjeran moléculas que podrían adaptarse a fármacos que podrían administrarse a los astronautas para protegerlos de la radiación en misiones a largo plazo