La brecha de precios entre los supermercados y los comercios tradicionales de barrios se amplió en el último año, debido a la “avalancha de promociones y descuentos lanzada por las grandes cadenas desde fines del 2008”, advirtió ayer la consultora Ecolatina y estimó que la disparidad ronda en 16,5 por ciento.
Para calcular la diferencia de precios entre los comercios tradicionales y los supermercados, Ecolatina analizó el costo de una canasta de 50 productos (pan, carnes, frutas, verduras, leche, queso, arroz, fideos, yerba, azúcar, aceite, gaseosas, agua y productos de limpieza e higiene personal) en ambos canales de distribución.
El estudio arrojó que adquirir los productos de esta canasta en los comercios tradicionales (almacenes, autoservicios, carnicerías, verdulerías y panaderías) cuesta 367 pesos, mientras en los supermercados se necesitan sólo 315, lo que implica una diferencia de 16,5 por ciento entre ambos canales de venta.
“Esta brecha se ha ampliado levemente en el último año: en julio del 2009, la diferencia entre ambos comercios era de 15,2 por ciento, 1,3 puntos porcentuales menos que en la actualidad”, indicó.
Al respecto, puntualizó que la disparidad es aún mayor en los productos bajo acuerdo de precios o que el Gobierno controla, como es el caso del pan –que se vende en los supermercados a menos de un tercio del valor promedio observado en las panaderías encuestadas–, el pollo, el asado, la papa y algunos artículos de limpieza.
El informe destacó la avalancha de promociones y descuentos lanzada por las grandes cadenas desde fines del 2008.
No obstante, evaluó que “aunque la implementación de este tipo de acciones logró sostener la demanda y motorizó gran parte del consumo durante la última crisis, en el escenario actual, las ofertas ya no bastan para atraer clientes”.
En este sentido, sostuvo que las ventas en locales tradicionales están creciendo a un mayor ritmo que en los supermercados y atribuyó el repunte al hecho de que “en épocas de inflación, los consumidores realizan compras de poco monto con mayor frecuencia, priorizando la proximidad antes que el menor precio o las promociones”.
Entre los factores que explican la creciente brecha de precios entre supermercados y comercios tradicionales, mencionó los acuerdos de precios con el Gobierno que se implementan sólo en las grandes cadenas, dado que es más sencillo “controlar” a un grupo reducido que a miles de locales.
Asimismo, analizó que los supermercados pueden sostener el precio de un producto artificialmente bajo y compensar la pérdida de rentabilidad con la venta de otros (subsidio cruzado), mientras que los comercios tradicionales tienen una menor variedad por lo que deben trasladar el alza de costos al precio de venta final.
“El caso de la carne es un claro ejemplo: de un relevamiento de 26 cortes de carne vacuna se observa que el precio promedio de los cortes de novillo es 25 por ciento más barato en los supermercados que en las carnicerías. Por el contrario, los cortes de ternera, generalmente más costosos, son casi 10 por ciento más caros en las grandes cadenas que en los comercios tradicionales”, precisó.
El único rubro que resulta actualmente más caro en supermercados que en locales tradicionales son las frutas y verduras, aunque la fuerte volatilidad en el precio de estos productos hace que esta dinámica varíe según el mes. A su vez, remarcó que los supermercados poseen por tamaño y volumen de ventas, mayor acceso a financiamiento, poder de negociación frente a los proveedores y elevada capacidad de almacenamiento.
