La receta es tan sencilla como exigente: una fuerte convicción y una conciencia ambiental que sorprende. Kamikatsu, un pueblo de 800 familias conocido por sus aguas termales y sus bosques, se ganó la fama por otra virtud: su gran sentido comunitario. ¿El secreto del éxito? Los residuos orgánicos se convierten en compost en el hogar y el resto se clasifica en 34 categorías distintas. Gracias al esfuerzo colectivo cada persona se hace responsable de su propia basura, un esfuerzo que ya forma parte de su rutina desde hace más de ocho años.
Todo comenzó en 2002, cuando el incinerador de la localidad no pudo cumplir con los niveles mínimos de eliminación de dioxinas. En ese punto de quiebre, el alcalde tomó una osada decisión: en lugar de quemar la basura… ¡dejarían de producirla!
Desde entonces, cada vecino convierte su basura orgánica en abono y separa el resto. Todo en sus propias casas, sustituyendo los camiones de basura y los contenedores por un único centro de entrega, la Academia Cero Residuos. Allí depositan sus desechos y aprenden a reciclar. Desde cómo separar las etiquetas de los envases a vaciar el líquido contaminante del motor de un coche. Para incentivarlos se les regalan billetes de lotería y bonos de compra de alimentos.
A través de esta campaña el pueblito arrocero ha logrado reducir y reutilizar sus desperdicios en un 90%. ¿Cómo lo hacen? Todos los días, entre las 7 y 30 de la mañana y las 2 de la tarde, los pobladores de Kamikatsu acuden al Centro de Reciclaje para dejar su basura. Cada hogar cuenta con un aparato, en su mayoría subvencionados por el Estado, que permite reciclar la basura orgánica y convertirla en abono, que es reutilizado en las numerosas huertas del pueblo.

Además, los pobladores de la villa deben seguir reglas estrictas a la hora de eliminar sus residuos, como por ejemplo, convertir el aceite de cocina y los desperdicios orgánicos en abono para sus huertas, gracias a pequeños recicladores domésticos cuya compra subvencionó el gobierno local.
Si bien la ciudad decidió esforzarse para no producir basura en el 2003, no fue hasta el 2005 que se creó la NPO (Academia Cero Residuos), que en coordinación con el gobierno local se encarga de administrar el proyecto y de promocionar sus avances para animar a que otras villas, pueblos y ciudades sigan su exitoso ejemplo.
Agua, aceite, té verde y otras: cada botella de plástico debe separarse por su contenido. Los diarios y revistas deben apilarse en paquetes de un determinado peso y amarrarse con cuerdas fabricadas con cartones reciclados. Y todo aquello que se encuentre en buenas condiciones, sea ropa, artefactos, muebles, adornos u objetos en general, es destinado a una tienda bautizada como Kurukuru-shop, donde los ciudadanos pueden llevarse lo que deseen gratis, así como traer cosas que consideren útiles para otros. La Kurukuru-factory es un espacio donde las mujeres mayores del pueblo reparan cosas usadas que se venden a precios módicos.
Eso sí, antes de ser eliminados, los objetos que lo necesiten deben ser enjuagados, lavados, secados o limpiados. El principal problema que tiene el pueblo y que le impide alcanzar el 100% de eficiencia en la reducción de residuos es eliminar objetos como zapatos, colchonetas y alfombras que deben incinerarse, mientras que el vidrio, la cerámica y las bombitas de luz todavía son enterradas en zonas de relleno.

De acuerdo con cifras oficiales, en el 2003 Kamikatsu incineraba 62 toneladas de basura, enterraba cuatro, reciclaba 271 y autoeliminaba 198 toneladas (residuos orgánicos convertidos en abono), lo cual daba una producción anual de 268 kilogramos de basura por habitante. En la actualidad esa cantidad no alcanza los 27 kilos per cápita, un reciclado del 90% que contrasta marcadamente con el promedio nacional: 20%
Para ser consecuentes con su política Cero Residuos, Kamikatsu ha rechazado las subvenciones del Gobierno Central para levantar dos nuevas plantas incineradoras. Pero sí han pedido que la política Cero Residuos se convierta en una ley que otras ciudades deban aplicar dentro de un plazo de tiempo; leyes que obliguen a las empresas a producir objetos reciclables y reutilizables, y la creación de un espacio donde los gobiernos locales de todo el país puedan intercambiar información, ayuda y experiencias para el logro de un objetivo: ciudades Cero Residuos.
Antes del tsunami que azotó a Japón en marzo, Kamikatsu recibía anualmente más de 40.000 visitantes, de diversas partes del mundo e interesados en estudiar su sistema de reciclaje. Hoy, sin haber sido afectado directamente por el desastre natural, poco a poco vuelve a recuperar su política de Basura Cero. Definitivamente, un ejemplo a seguir.
