Buenos días, a pesar de todo. La fama es linda, es realmente grato que la gente te quiera y te lo demuestre, pero tiene sus lados peligrosos. Habitualmente, los fans de algún famoso, artista, sobre todo, tratan de acercársele y obtener algo de él. Algunos quieren regalarle cosas, como las fans de Luis Miguel, que le tiran sus bombachas, por lo que en México hay una casa cuyo nombre es Lencería Luis Miguel. Hay algunos fanáticos que no dudan de arrebatarle cosas a su idolatrado. Hay varios ejemplos del tema y tiene que ver. Porque la niña admira a Vicentico, por ejemplo, y el cantante le robó alaridos y aplausos durante su recital, entonces, la niña, al menos, quiere robarle un beso. Pero, claro, hay algunos que se pasan. Años atrás, en un festival folclórico, le robaron el poncho a Argentino Luna; su poncho, el que tantas veces lo había acompañado. Argentino, entonces, escribió una milonga que en su parte media dice: “Fue justo en Semana Santa que alguien me hizo la gauchada. Si parece una humorada, robarle el poncho al que canta. Mi suerte no ha de ser tanta pa” hallar un poncho como ese, me cobijó tantas veces en noches de serenata. Por hallarlo oferté plata pero el poncho no aparece”. Y no apareció, nomás. Hace un tiempo, a Shakira le robaron en el aeropuerto de Bogotá su equipaje de mano, donde tenía todas las letras de su próximo álbum. Piqué quiso agarrar a patadas a todo el aeropuerto. Pero, lo que, generalmente, el público quiere es robarle un autógrafo a su ídolo. Es decir, su firma, si es con alguna dedicatoria personal, mejor. Y esto puede hacerse sobre un papel, un pañuelo, una remera, un sombrero o sobre la propia piel. El autógrafo es una firma que el famoso realiza a las apuradas con una sonrisa mentirosa en su rostro, porque por dentro está pensando: “Déjenme ir a morfar algo, por favor”. Uno puede deducir que el autógrafo no tiene más que un valor emocional, que para nada más ha de servir que para ponerlo en un cuadrito o mostrárselo a sus amigas o fotografiarlo y mandarlo por Facebook para que otras admiradoras se mueran de la envidia. Es decir, el autógrafo sólo sirve para fines sentimentales. ¿Ahá? Minga, Sosa. Hace unos días, a Batistuta le pidieron un autógrafo, el ex goleador del seleccionado nacional lo firmó con buena voluntad y los que lo obtuvieron hicieron con su firma un pagaré por 350.000 pesos. ¿Qué me cuenta, doña Anunciata? Ya no nos salva ni la fama. Hubo un gran lío policial y la maniobra de los estafadores no prosperó. Pero estuvieron a punto de lograrlo. El robo a los famosos. Dice mi amigo el Fernando: “Yo, a algunos músicos les robaría la guitarra y a otros les robaría la voz”. En fin, al final tiene razón el tango cuando dice que la fama es puro cuento.