La fiscal de Instrucción de Valeria Inés Bottini imputó ayer el joven de 16 años detenido el lunes por el crimen de Matías Ferlaza, el hombre de 78 años que vivía en Rivadavia y fue hallado sin vida en una casa abandonada de Phillips después de tres días de búsqueda intensiva. La magistrada lo acusó por el delito de homicidio criminis causa –matar para lograr la impunidad de otro hecho– y el sospechoso prefirió no hacer uso de su derecho de declarar. Como se trata de un menor que es imputable, la Justicia Penal de Menores iba a decidir sobre su futuro en lo que respecta al centro de detención donde debía ser alojado.
Después de la acusación formal de la fiscal Bottini, quedó claro que, para el Ministerio Público, el adolescente asesinó al septuagenario después del robo de su auto. Es la única hipótesis que está plasmada en el expediente, más allá de la versión que hizo correr un policía del Este y luego plasmó en el sumario que aseguraba que escuchó de boca del detenido sostener que era abusado sexualmente por el hombre desde que tenía 11 años.
El menor, después de su detención en su hogar de Rivadavia, les confesó entre sollozos a los policías de Investigaciones que había matado al jubilado con la colaboración de otras dos personas, que están siendo buscadas. Aseguró que sustrajeron algunas partes del rodado e indicó dónde estaba oculto el cadáver. Luego fue trasladado al Hospital Saporiti, por problemas neurológicos, y ayer recibió el alta para ser llevado a la Oficina Fiscal, donde finalmente fue imputado por decisión de la fiscal.
Desde un principio, los investigadores se toparon con un caso que tardará en esclarecerse. Se inició como averiguación de paradero y terminó en homicidio. Ferlaza salió de su casa de calle San Isidro y les dijo a sus hijos que iba a visitar a unos primos al departamento de Santa Rosa. Esa fue la última vez que lo vieron con vida. En Los Campamentos, al otro día, se encontró el auto que manejaba, un Renault Clio rojo, totalmente incinerado. Ese rodado dejó pistas a seguir: le faltaban las cuatro cubiertas y otras partes, como la batería.
Las tareas de los pesquisas dieron su frutos el lunes, cuando llegaron al hogar de calle Isaac Estrella, donde residía el menor de 16 años. Lo detuvieron como principal sospechoso. La víctima y el presunto victimario, para los detectives, se conocían desde hacía tiempo. Es más, vivían a tres cuadras. Fue este joven el que les indicó a los policías dónde estaba el cadáver. Lo encontraron en una vivienda abandonada de calle Castro, a unos diez kilómetros de donde hallaron el auto quemado.
Por las pruebas que recabó Policía Científica en la propiedad, como manchas de sangre en paredes, al anciano lo asesinaron a ladrillazos en la cabeza. Presentaba, al menos, tres traumatismos de cráneo.
La fiscal está aguardando el resultado del análisis de esas y otras pruebas. Por ejemplo, se hallaron huellas de zapatillas en la vivienda y se secuestraron prendas de vestir del detenido con el objetivo de hallar material genético para cotejar.
Hipótesis descartada
El único detenido de la causa –se reserva su identidad por ser menor de edad (tiene 16 años)– no declaró tras la imputación. Tampoco hizo mención a la versión que aportó un policía en el expediente sobre presuntos abusos sexuales que habría cometido el septuagenario contra él desde que tenía 11 años. Como se trata de un hecho de instancia privada, la víctima es quien tiene que motorizar la denuncia. Al no existir, esa hipótesis fue descartada.
