_“¿Mi lugar en el mundo?, es aquí, en Mendoza, dónde está mi familia”.
Esta es la respuesta que surge sin vacilación alguna, de la boca y sobre todo del corazón de Begoña Labandeira, una gallega que lleva más de 20 años en estas tierras mendocinas.
Nacida en Galicia pero con su niñez y adolescencia en la capital madrileña, Bego, como es llamada por aquellos que tienen el placer de conocerla, es una bella mujer que supo encontrar la felicidad en todas aquellas decisiones y desafíos importantes que le fueron surgiendo a lo largo de su vida.
“Conocí a mi marido Ricardo cuando él estaba realizando un postgrado en Madrid. Yo ya vivía allí desde mis 6 años. Luego de algunos años de noviazgo, me propuso matrimonio y no lo dudé. A diez meses de la boda, quedé embarazada de mi primer hijo y me dijo de venir a vivir a Mendoza”, recuerda esos años sonriendo.

_¿Sentiste el desarraigo de dejar España?
_Creo que no, es que fue tanto el tsunami de dejar Madrid y venir a Mendoza que no sé si sentí el desarraigo. No lo dudé ni un segundo, y no por inconsciencia sino porque estaba confiada que todo saldría muy bien.
Y así fue. Hoy Begoña logró formar su propia familia, con bases sólidas y fuertes, las mismas con las que se maneja en la vida y en cada emprendimiento que lleva a cabo.
De la banca a la cocina
Economista de profesión, durante mucho tiempo Begoña ejerció su profesión y su faceta como “mujer ejecutiva” en un banco de Madrid, pensando que dentro de ese ámbito giraría su vida futura. Pero como dice el refrán: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”, y así fue como los números, reuniones y papeles fueron dejados de lado por completo para embarcarse hacia su nuevo hogar: Mendoza.
“Cuando llegué a esta provincia supe que no volvería a ejercer mi profesión. Ya embarazada de Ricardo (21) y luego de Manuela (19), dediqué todo mi tiempo por muchos años a ser mamá y esposa. No me pareció algo tremendo –aunque sí fue un cambio-, pero soy una persona convencida que la mujer dentro de la familia, tiene un papel fundamental, de sostén y refugio. Mi marido viajaba permanentemente y estaba mucho tiempo sola con mis hijos. Sabía que si yo no estaba bien nadie lo estaría. La mujer es el alma de la casa, y así traté de hacerlo durante muchos años”, comenta Begoña.
_¿Y cómo llegó la faceta de chef a tu vida?
_¡No cocinaba ni un arroz blanco! (risas)
_Creo que fue algo que surgió de inquieta que soy y de llegar a un momento en el cual no sabía qué hacer, y así surgió la cocina. Empecé comprando libros, probando recetas. Durante muchos años mi marido fue el conejillo de India durante 25 años, en los que debía probar todo lo que hacía. Pero realmente comencé a tomar en serio el tema de la cocina cuando realicé un curso con Connie Aldao (Francis Mallmann), uan persona muy generosa para transmitir sus conocimientos, ahí creo que vi el verdadero sentir del arte de cocinar.
Así, entre libros, viajes, cursos y mucho de autodidacta como le gusta también definirse, Begoña tomó un hobby como era cocinar en un verdadero reto hasta convertirse en su trabajo.
“Aprendo mucho de los lugares que voy conociendo. Si un plato me gusta, le saco fotos y tomo nota de lo que tiene. Muchas veces pregunto a los cocineros sobre la manera que está elaborado. Hoy los cocineros son mucho más generosos y gustan de brindar sus recetas sin ser celosos como antes”. Además, añade: “La misma receta nunca es igual a otra, ya que dependerá de quién la preprare, tendrá otro gusto, otra mano y otra vista”.

Hoy, Bego Labandeira es una reconocida “cocinera” que ha sabido ganar su espacio en Mendoza. Columnista en diarios y revistas, en dónde vuelca sus experiencias como la sibarita que es, con anécdotas de sus viajes por el mundo y recuerdos de aromas y sabores que ha ido encontrando en lugares insólitos, también ejerce la docencia con sus cursos semanales de “cocinoterapia”.
“Semanalmente y desde hace cuatro años, realizo clases de cocina con grupos reducidos de personas, sobre todo mujeres, que buscan en la cocina no sólo aprender a realizar un plato, sino una forma de esparcimiento y disfrute que sirve a modo de terapia”, comenta en el corazón de la amplia y luminosa cocina de su casa, lugar donde también lleva a cabo el dictado de sus cursos.
Y es tal cual lo describe. Basta con ver cómo la miran cada una de sus alumnas durante las explicaciones que cálidamente Begoña da a sus alumnas. Muchas de ellas no buscan ser chefs ni nada semejante, tal vez aprender alguna receta novedosa con la cual impresionar a familiares y amigos. Lo que sí todas coinciden es en tener este momento especial que le dan las clases de cocina en dónde pueden relajarse, y “soltar” aquellas cosas cotidianas. Begoña es el artífice de ello.

Economista, aunque ya no en ejercicio, chef, profesora, columnista y empresaria, un camino que muestra cómo Begoña Labandeira ha ido tomando decisiones frente a las cosas que se le han ido presentando en el camino.
“No sé si tengo miedo a los desafíos, pienso que si me va a ir mal en algo, no pasará nada. Una cosa chiquita lleva a otra cosa más grande y así sucesivamente. ¡Creo firmemente en que todo se puede!”, y continúa: “¡Soy una bendecida porque hago lo que realmente me gusta!”.
Es así, que a todas sus actividades, desde este año, Begoña junto a su amiga y socia Gabriela Sánchez Nieto, sumaron a sus vidas la creación, organización y realización de ZOCCO, una espectacular feria de objetos de diseño y antigüedades como las que se pueden encontrar en las ciudades más cosmopolitas del mundo, que tuvo su primera y exitosa edición, el pasado mes de abril en la Bodega Los Toneles.
Amante de la decoración y el buen gusto, Bego junto a Gaby buscaron crear un espacio en dónde las personas pudiesen encontrar cosas diferentes en materia de diseño y decoración. “Comenzamos a pedir muebles y objetos antiguos en cualquier estado a través de redes sociales y la gente no sabía en qué terminaría eso”, comenta riendo Begoña.

_¿Qué hubieras sido sino fueras la mujer que eres hoy?
_¡Tal vez me hubiese gustado ser escritora de novelas!
Y no cabe duda alguna que hubiese sido una escritora y de las grandes. No sólo por la tenacidad -aunque ella no lo sienta así-, y firmeza con las que toma sus decisiones sino también porque su vida ha sido eso, un camino en dónde el amor, los desafíos, los cambios y replanteos serían los condimentos perfectos para ser tema en una atrapante novela.
Ping Pong: Bego x Bego
El mayor temor de su vida: una enfermedad dolorosa.
El rasgo principal de su carácter: creo que soy generosa.
Tu gran defecto: la impulsividad.
Tu gran virtud: que la digan los demás que me conocen.
Un hobby irremplazable: la cocina y viajar.
Tu idea de felicidad completa: no existe, hay que buscar ser feliz disfrutando el momento.
Tu escritor de cabecera: Camilo José Cela.
Tu creación favorita: mi familia.
Un arrepentimiento que pesa: no haber empezado antes con todo lo que hago hoy, en especial, la cocina.
Lo que detestás por sobre todo: la mentira y las personas “poco generosas”.
Tu extravagancia: creo no tener ninguna, soy muy simple.
Un T.O.C. irremediable: no me gusta tener nada en el centro de la mesa, ¡corro todo!
Una fobia incontrolable: ninguna.
Un buen asado argentino o una paella española: las dos
El consejo paterno que guardás como un tesoro: “Decir siempre la verdad”.
Begoña Labandeira: “Una mujer normal y creo que muy auténtica”.
