Hay algo reconfortante en sentarse frente a una película sin esperar que cambie la historia del cine. Una película que simplemente quiera entretener, hacer reír un rato y contar una historia de amor. La hipótesis del amor entiende perfectamente esa lógica y, justamente por eso, funciona como una suerte de viaje directo a las comedias románticas de los años 90.
La película, protagonizada por Lili Reinhart y Tom Bateman, llegó a Prime Video y adapta la novela homónima de Ali Hazelwood. La historia tiene todos los elementos que uno espera de una rom-com clásica: dos personajes que se llevan mal, una relación que comienza como una farsa, situaciones incómodas, atracción inevitable y la certeza de que, tarde o temprano, algo va a salir mal.
Una fórmula conocida que todavía funciona
Olive Smith es una estudiante de doctorado que tiene mucho más claro qué quiere hacer con su carrera científica que con su vida sentimental. Para ayudar a su mejor amiga, termina fingiendo una relación con Adam Carlsen, un profesor brillante, intimidante y bastante poco simpático.
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El problema es que la mentira empieza a parecer demasiado convincente. Y ahí aparece uno de los recursos más clásicos del género: dos personas que aseguran que entre ellas no puede pasar nada mientras la película se encarga de demostrar exactamente lo contrario.
La hipótesis del amor no pide demasiado al espectador. Solo propone sentarse, dejarse llevar por el romance, reírse de los enredos y disfrutar durante casi dos horas de una película que parece recordar una época en la que las comedias románticas no necesitaban pedir permiso para ser simplemente eso: comedias románticas.

