El 29 de septiembre de 1964, una niña de mirada crítica apareció por primera vez en las páginas 22 y 64 de la revista Primera Plana. Se llamaba Mafalda, detestaba la sopa y tenía preguntas capaces de incomodar a los adultos. A 62 años de aquel debut en el que discutía con su padre sobre su rol paterno, el célebre personaje creado por Joaquín Salvador Lavado, Quino, conserva una vigencia que trasciende generaciones.
La historieta tuvo un origen ligado a una campaña publicitaria que finalmente no se realizó. En 1962, Agens Publicidad le encargó a Quino una tira que promocionara, de manera encubierta, una marca de electrodomésticos llamada Mansfield.
La publicación original nació cuando el periodista Julián Delgado, amigo de Quino y vinculado a la revista Primera Plana, le preguntó al dibujante mendocino si tenía viñetas disponibles. Quino le mostró los bocetos que guardaba y acordaron la salida de dos tiras semanales.
Aunque la idea inicial era otra, el proyecto encontró su propio camino y se transformó en una observación aguda de la vida cotidiana. A través de la familia y los amigos de la protagonista, Quino puso en escena las preocupaciones, aspiraciones y tensiones de la clase media argentina.

El grupo que rodea a Mafalda amplía el retrato social y enriquece la historieta: Manolito está pendiente de los negocios, Susanita imagina un futuro tradicional, Felipe suele refugiarse en sus sueños y Libertad encarna una postura rebelde.
Tras un breve paso por la revista Primera Plana que finalizó en marzo de 1965 por diferencias editoriales, la tira encontró rápidamente un nuevo hogar en el diario El Mundo. En ese recorrido se fue completando la icónica “banda” de amigos: Felipe debutó en enero de 1965 (inspirado en el periodista Jorge Timossi), Manolito se sumó en marzo, Susanita en junio, y finalmente Libertad se incorporó en febrero de 1970.
La verdadera fuerza de la obra reside en su capacidad de fusionar accesibilidad y profundidad: con un humor sutil y situaciones entrañables, Quino logra que Mafalda no se limite al chiste fácil.
Un legado que sigue intacto
Cuando Mafalda ya comenzaba a trascender fronteras, el escritor Umberto Eco impulsó su edición en Italia y sugirió el título con el que se conoció allí: Mafalda, la contestataria. Para entonces, el éxito de la historieta se reflejaba incluso en los detalles más cotidianos: la empresa Fiat le había propuesto a Quino que su papá dibujado condujera un Fitito, pero el artista optó por un Citroën 2CV, el auténtico emblema rodante de la clase media argentina de la época.
Traducida a más de treinta idiomas, la creación de Quino quedó inmortalizada en libros, monumentos y escuelas alrededor del mundo. Su expansión internacional jamás diluyó el arraigo local del que nació, sino que demostró que sus cuestionamientos universales podían conmover a cualquier lector. A más de seis décadas de su primera viñeta, Mafalda sigue siendo una luminosa invitación a mirar la realidad con lucidez y a imaginar un mundo mejor.
Mafalda en hebreo

Mafalda en alemán

Mafalda en francés

Mafalda en inglés

