Desde el 25 de abril, Marcelo Gastón Mendoza Carrizo (32) se encuentra tras las rejas por el crimen del fletero Juan Mauricio Villanueva, asesinado de un disparo durante un asalto en Guaymallén.
Ese mismo día fue capturado junto a su presunto cómplice, Gabriel Alejandro Romero Brasil (36), durante una serie de allanamientos. La fiscal Claudia Ríos, al frente de la instrucción, los imputó a ambos por homicidio criminis causa, delito que prevé como única pena la prisión perpetua.
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Poco más de medio año después de su caída, Mendoza Carrizo buscó recuperar la libertad. A través de su defensa, presentó un pedido de cese de la prisión preventiva, ya que sostiene que no tuvo nada que ver con el hecho de sangre que terminó con la vida del trabajador del volante.
Básicamente, los representantes legales del acusado -Glenda Wagnest y Marcos Urtado- aseguran que las características físicas de su cliente no coinciden con las que aportaron los testigos sobre uno de los autores del asesinato.
De las declaraciones que se sumaron en la causa, surge que uno de los malvivientes tenía el tatuaje una estrella grande sobre el pómulo izquierdo, mientras que Mendoza Carrizo cuenta con dos estrellas en su rostro, pero son pequeñas y están localizadas al costado del ojo izquierdo y sobre la ceja de ese sector, respectivamente, argumentaron los letrados.

Además, cuestionaron a una testigo que reconoció a Mendoza Carrizo porque, según declaró, ya le había robado a mediados de enero. Sin embargo, desde la defensa explicaron que eso resulta imposible, ya que para ese entonces su cliente se encontraba con prisión domiciliaria, monitoreado con pulsera y nunca se registró que haya incumplido su régimen de detención.
Así, los abogados del señalado matador sentenciaron que su representado es inocente y que los detectives capturaron a la persona equivocada.
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Más allá de exposición de los defensores, el juez Sebastián Sarmiento, del Juzgado Penal Colegiado Nº 1, determinó que el material probatorio de la Fiscalía es suficiente para mantener en la cárcel al imputado y rechazó el cese de la prisión preventiva.
Además, el magistrado dispuso una prórroga de la investigación penal preparatoria por el término de tres meses, tal como lo solicitó el ayudante fiscal de Homicidios Seiko Maehama.
El crimen
Fue el domingo 10 de abril cuando Villanueva fue asaltado, en el momento en que estaba llegando junto a su madre a su casa de calle Gutenberg al 2300, en distrito de Belgrano.
El fletero estaba abriendo el portón del garage para ingresar su Nissan Frontier gris, pero en ese instante dos maleantes se subieron a la camioneta, que estaba en marcha y con su progenitora aún a bordo.
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Uno de los maleantes arrojó a la mujer al asfalto para subirse al lado del acompañante, mientras que el otro tomó control del volante y aceleró para darse a la fuga.
Villanueva advirtió la situación, salió corriendo tras el vehículo y se colgó de la cajuela. Acto seguido, logró subirse a ese sector posterior del rodado, pero algunos metros más adelante uno de los asaltantes giró, le apuntó con el arma de fuego y le disparó en el pecho.

Malherido, el hombre cayó en el cruce de calles Gutenberg y Los Álamos, hasta donde llegaron policías y personal del Servicio de Emergencias Coordinado (SEC) que lo asistió y lo trasladó al Hospital Central.
El fletero quedó internado en grave estado, fue inducido a un coma farmacológico y su vida pendía de un hilo. En medio de eso, su camioneta fue hallada el martes 12 de ese mes, prendida fuego en un descampado de Las Heras.
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En tanto, el martes 19, Villanueva no resistió más y dejó de existir en una habitación del nosocomio de calle Alem. A partir del deceso, la investigación se profundizó y se identificó a los dos autores, que cayeron unos días más tarde.
